FRANCISCO MARTÍNEZ BAEZA

Francisco nació en Martos, el día 15 de marzo de 1875. Su padre, natural del lugar, trabajaba en el campo. Su madre procedía de Fuensanta. Su bautismo tuvo lugar en la entonces parroquia de Santa María de la Villa, santuario donde se venera-ba a la patrona de la ciudad: Santa María de la Villa.

Estudió en el Seminario de Jaén, gracias a la beca de la señora Marquesa de Blanco Hermoso, Dª Dolores Escobedo y García Callejón. Sus calificaciones fueron excepcionales. El Sábado Santo del año 1899 recibió el presbiterado, en la capilla del palacio episcopal.

Amplió estudios y obtuvo el grado de doctor. Al menos des-de 1902, fue profesor del Seminario explicando latín, retórica y métrica. En 1903 cesó como profesor pues tuvo que hacer-se cargo de la regencia de la parroquia de San Francisco de Linares. Allí sería después Cura Ecónomo, y posteriormente en tomará posesión como Cura Propio. Además, fue confesor de varios Conventos (Mercedarias e Hijas de la Caridad). Nos ha quedado constancia de su inquietud social en esta ciudad minera. Allí trabajó en el “Círculo Católico” como entusiasta propagador de la Doctrina Social de la Iglesia. Estando en Li-nares, fue nombrado, oído el Cabildo, Párroco Consultor.

Con fecha 10 de julio de 1926, el Obispo Beato Manuel Basulto convocó oposiciones a la canonjía de Penitenciario y él opo-sitó a ella. En septiembre de 1926 tomó posesión en la Cate-dral de Baeza de esta canonjía. Desde entonces fijó su resi-dencia en Baeza. En 1930 fue nombrado confesor de varios monasterios, profesor del Seminario. En 1934 fue nombrado arcipreste de Baeza. Pertenecía a la asociación de sacerdotes adoradores y promovió la fundación de los tarsicios.

DATOS DE INTERÉS

Estado

Sacerdote

Edad

61 años

Nacimiento

Martos, el 15 de marzo de 1875

Ordenación presbiteral

el Sábado Santo de 1899

Ministerios

Profesor del Seminario, Párroco de San Francisco de Linares, Canónigo penitenciario de Baeza

Muerte

Finca “Los Capones”, en Ibros, el 3 de septiembre de 1936

RESEÑA

MARTIRIO

Estuvo encarcelado desde el día 23 de julio de 1936 hasta la madrugada del día 3 de septiembre. Fue un verdadero apóstol alentando a todos los presos. Cuando le avisaron de que iban a asesinarlo dijo: “Demos gracias a Dios porque dentro de unos momentos vamos a estar gozando de su presencia”. En el campo donde fue asesinado dio la absolución a sus compa-ñeros y a los ejecutores les dijo: “Os perdonamos”. Él se arrodilló diciendo: “¡Señor, perdóname a mí y perdónalos a ellos, que no saben lo que se hacen!”. Estas palabras conmovieron a los que le iban a fusilar, y entonces les dijo: “Tirad ya y no os asustéis, vosotros no sois los responsables sino los que os mandan. ¡Quiero seguir el camino de mis compañeros y no quiero privarme de esta dicha!”

A su fallecimiento dejó a su madre de 86 años, a una hermana viuda y otra soltera.

BIOGRAFÍA AMPLIADA

Nacimiento, infancia y juventud

Nació en Martos el día 15 de marzo de 1875. El nacimiento fue en el domicilio familiar, C/ Jamila, 14. Su padre, Antonio Martínez Martínez, trabajaba en el campo, era de Martos, y la madre, Ascensión Baeza Muñoz, era natural de Fuensanta de donde son también los abuelos maternos.

Martos había sido dependiente en lo eclesiástico de la jurisdicción de la Orden de Calatrava, y tras las actuaciones del Gobierno de España en relación con las Órdenes militares en 1873 unilateralmente y sin respetar lo pactado en el Concordato de 1851, al final Pío IX por diversas bulas dispone sobre los territorios de Abadías ‘nullius’ y de Órdenes militares, en el mismo año 1873 agregándolos a las respectivas diócesis según las demarcaciones provinciales civiles. Los territorios de la Orden de Calatrava, como era la Vicaría de Martos, pasaron a depender de la jurisdicción canónica del Obispo de Jaén, igual que la abadía de Alcalá y la Vicaría de la Orden Militar de Santiago, en Segura.

Al neófito se le impuso el nombre de Francisco Raimundo. El Bautismo fue en la entonces Parroquia de Santa María de la Villa, Santuario donde se venera la Patrona de la ciudad: Santa María de la Villa, Copatrona con Santa Marta.

De sus circunstancias familiares conocemos que fueron varios hermanos. Aranda Calvo, en su biografía sobre el Siervo de Dios, dice que fueron nueve hijos los que nacieron en casa de la familia Martínez -Baeza.

Cuando fallece el padre, a los 85 años de edad, el 28 de mayo de 1933, en Linares, en el recordatorio del funeral se indica el nombre de su esposa Ascensión Baeza de Martínez; y los nombres de los hijos: Francisco (Canónigo), Dulce Nombre, Antonio y Dolores; y se añade: hija política Obdulia Puchol, viuda de Martínez. Es decir, en aquel momento viven cuatro hermanos y otro, el esposo de Obdulia, había fallecido.

Esta cuñada suya, Obdulia Puchol, también natural de Martos, es la mártir que sufre el martirio en su ciudad natal y va incluida en este mismo Proceso de Beatificación y Canonización por martirio.

Estudios en el Seminario

Algunos datos de esa etapa de su vida se han obtenido a partir de la publicación de las actas académicas del Seminario y de las referencias que a sus expedientes de Órdenes.

Así encontramos lo siguiente:

En el curso 1896-97 estudia en el Seminario de Jaén el 3º curso de Sagrada. Teología y en el año siguiente (1897-98) cursa el 4º de Sagrada. Teología. En tales actas académicas se indica que su calificación es de Meritissimus y que hace sus estudios gracias a la beca de la Señora Marquesa.

Él mismo en la solicitud para las cuatro Menores y el Subdiaconado, el día 15 de julio de 1898, dice que ya tiene aprobado el 4º año de Sagrada Teología. Y unos meses después, al solicitar el Diaconado el 13 de febrero de 1899, ya está cursando el 5º año. En el mismo curso continúa cuando al mes siguiente, el 27 de marzo de 1899, solicita recibir el Presbiterado, en el Sábado Santo.

Órdenes Sagradas

Prima clerical Tonsura: Él mismo hace referencia a que ya está tonsurado cuando solicita las Menores y el Subdiaconado el día 25 de julio de 1898. Efectivamente en el viernes/sábado antes del domingo de Pasión de 1898 el Obispo Guisasola y Menéndez confiere Órdenes Generales en la Iglesia de la Merced, en Jaén; y allí recibe la Tonsura.

Cuatro Menores y Subdiaconado: Desde Martos, en etapa estival, finalizado y aprobado el 4º año de Teología, a los 23 años, solicita las Órdenes Menores y el Subdiaconado. En estas fechas tramita su Ordenación y añade que “carece de bienes patrimoniales”. El Párroco de Martos emite certificado de “intachable conducta en todos los actos de su vida pública y privada, alejado de espectáculos profanos, asistiendo a los actos de culto, frecuentando los Sacramentos y probando de continuo verdadera vocación al estado eclesiástico”. El mismo Párroco en otro certificado de la misma fecha 25 de julio de 1898 dice que “es clérigo tonsurado adscrito a esta Parroquia, ha sido y es pobre que carece de toda clase de bienes y renta, debiendo su carrera literaria a una de las becas fundadas por la Excelentísima Sra. Marquesa de Blanco Hermoso Dª Dolores Escobedo y García Callejón”.

El Comandante del Ejército con fecha 17 de febrero de 1898 firma un certificado de que “el mozo Francisco Martínez Baeza fue declarado excluido […] del Reclutamiento”.

 El día 23 y 24 de septiembre, de 1898, témporas de San Mateo, recibió las cuatro Órdenes Menores y el Subdiaconado, en la Iglesia de la Merced en Jaén. Es Obispo ordenante el diocesano, Guisasola y Menéndez.

Diaconado y Presbiterado: Con escasas fechas entre una y otra Ordenación recibe el Siervo de Dios las otras dos Órdenes Mayores. El Diaconado el Sábado antes de Pasión, y quince días después el Sábado Santo del mismo año 1899, el Presbiterado. Ambos los recibió en la Capilla del Palacio Episcopal; en Órdenes Generales, el Diaconado; y en Órdenes Particulares el Presbiterado.

Cargos Pastorales

Profesor del Seminario: Al menos desde 1902 es profesor del Seminario explicando Latín, Retórica y Métrica. Sin duda que la anticipación de la Ordenación de Presbítero y este dato de “inicio” de su docencia explica que esos años entre abril 1889 y el comienzo del curso en septiembre de 1902 fueron años dedicados a ampliar estudios, pues obtuvo el título de Doctor.

Parroquia de San Francisco de Linares: En la memoria del Seminario del curso 1902-1903 que se lee en la apertura del curso siguiente se dice que el 15 de mayo de 1903 cesó como profesor en el cuarto curso de Latín, pues hubo de hacerse cargo de la Regencia de la Parroquia de San Francisco de Linares. Esta Regencia para esta concreta Parroquia de una ciudad de tanto relieve en aquellas fechas supone una elección muy distinguida, que manifiesta los valores del todavía tan joven sacerdote, que contaba con 28 años.

En Linares será después (1905) Cura Ecónomo, y posteriormente en 1906, según resolución del concurso de Curatos de 1906, tomará posesión como Cura Propio de esta Parroquia de S. Francisco.

Aparte de otros encargos en Linares como confesor de varios Conventos (Mercedarias e Hijas de la Caridad) nos queda constancia de su inquietud social en esta ciudad minera.

Siendo Párroco de Linares, ciudad eminentemente minera e industrial en aquellas fechas, trabaja en el “Círculo Católico”; en 1910 el Boletín Oficial del Obispado da una referencia de la inauguración del centro del Círculo Católico en Mancha Real, donde es Párroco el Beato Solís Pedrajas. Ambos son entusiastas propagandistas de la Doctrina Social de la Iglesia y de sus criterios sobre la justicia social.

Estando en Linares es nombrado, oído el Cabildo, Párroco Consultor.

Canónigo de Baeza: Con fecha 10 de julio de 1926 el Obispo Beato Manuel Basulto convoca oposiciones a la canonjía de Penitenciario y él oposita a ella. En septiembre de 1926 toma posesión en la Catedral de Baeza de esta canonjía.

La plantatio Ecclesiae en Jaén se remonta al primer siglo de la era cristiana, con San Eufrasio, Obispo de Illiturgi. Pronto son varias diócesis las que nacen en estos territorios: Mentesa, Cástulo. La de Cástulo se traslada a Baeza (Beacia) en la época visigótica. Invadida por los árabes en el siglo VIII, fue reconquistada Baeza por Fernando III en 1227, y el mismo Rey traslada la sede en 1246 a Jaén por ser mejor frontera en la continuidad de la Reconquista. El Papa Inocencio IV con la Bula Exaltatio fidelium de 1249 concedió que el culto continuara en la Catedral de Baeza, aunque la sede se trasladara a Jaén.

Desde entonces hay un único Cabildo, aunque hasta el siglo XX, un tercio del mismo tenía residencia en Baeza. Es este el caso del canónigo Martínez Baeza, que tiene desde su toma de posesión residencia en Baeza, como los otros tres beneficiados de esta Catedral de Baeza que mueren con él en el mismo lugar y hora.

En 1930 es nombrado confesor de varios monasterios, profesor del Seminario; es miembro del consejo de vigilancia y censura de Doctrinas1.

En 1934 es arcipreste de Baeza.

Detención, prisión y muerte

Los datos de su detención y fechas de su muerte nos los ofrece su hermano Antonio:

“Que su legítimo hermano Francisco Martínez Baeza de igual naturaleza de 61 años de edad de profesión Presbítero Canónigo Penitenciario de la SIC de Jaén, con residencia en Baeza, fue víctima de la revolución marxista siendo encarcelado el día 23 de julio de 1936 y permaneciendo en ella hasta la madrugada del día 3 de septiembre del 36 mediando las circunstancias siguientes.

A su fallecimiento deja madre de 86 años, hermana viuda, y otra soltera, ambas de avanzada edad y el exponente, que a consecuencia de las persecuciones, encarcelamientos, y malos tratos, ha quedado en un estado de incapacidad que le hace imposible ganar para hacer frente a las necesidades de sus hermanas y suyas propias.[…]”

Extrañamente se incluye como residente de Linares con muerte violenta; aunque es el mismo caso de San Pedro Poveda, que figura en la misma página y fue detenido y martirizado en Madrid. Podrá considerarse que algún tipo de domicilio familiar o cuasi domicilio conservara en Linares aunque permaneciera por su cargo en Baeza de modo permanente.

Martirio

Aunque la narración de su cárcel y muerte podemos verla de modo conjunto con los otros nueve sacerdotes de Baeza que mueren con él en el mismo día y hora, en la finca de Los Capones, en término de Ibros, anotamos aquí algún detalle propio de él, como son las narraciones del Canónigo Chantre de Jaén, Eleuterio Villén, un manuscrito firmado por él, íntegramente escrito de su propia mano.

Según declaraciones del Jefe de la Prisión, durante los 41 días que estuvo en la cárcel fue un verdadero Apóstol, dando limosnas y rezando con los presos por lo que fue varias veces duramente castigado, alentando a todos los presos.

En la madrugada de su asesinato, que fue el día 2 de Septiembre del 36, cuando fue avisado por otro compañero (el párroco de S. Pablo de Baeza) de que iban a ser asesinados, contestó con gran serenidad: “Demos gracias a Dios porque dentro de unos momentos vamos a estar gozando de su presencia”; se reconcilió y reconcilió a los que iban a ser asesinados, entre los que había unos 13 sacerdotes. Al salir de la prisión dio la bendición a todos los presos con un ‘viva Cristo Rey’. Durante el trayecto fue alentando a todos; hablándoles de la muerte y de la dicha que tenían de morir por Cristo; en los momentos del asesinato pidió que le dejasen el último para ayudar a bien morir a los demás. Terminada esta misión, al llegarle el turno a él se arrodilló diciendo: “¡Señor, perdóname a mí y perdónalos a ellos, que no saben lo que se hacen!”. Estas palabras conmovieron a los que le iban a fusilar, y entonces les dijo: “Tirad ya y no os asustéis, vosotros no sois los responsables sino los que os mandan. ¡Quiero seguir el camino de mis compañeros y no quiero privarme de esta dicha!”

D. Eleuterio Villén Navas, fue Canónigo Chantre de la Catedral de Jaén en las décadas de los años ‘40-50’. Él entregó ese manuscrito a D. Juan Montijano Chica, Canónigo Arcipreste, que en los años siguientes a la guerra civil fue el encargado en la Diócesis de Jaén de recopilar todos los datos referentes a la persecución religiosa (1936-1939) y así lo hizo en el libro manuscrito “Flores de martirio”. En este citado libro manuscrito se copia literalmente este escrito del Sr. Villén Navas.

Relato único del Martirio, en la misma hora y lugar, del grupo completo (En el cortijo “Los Capones”, Ibros, el 3 de septiembre de 1936).

Situación socio-religiosa de Baeza en 1936.

Baeza está situada a 48 kms. de la capital. Por razones históricas, al restablecerse en ella la sede giennense tras la conquista por San Fernando, contó con Catedral desde 1248. Cuando la sede se traslada pocos años después a Jaén, una parte del Cabildo Catedral de Jaén -y así fue hasta 1936- tenía asignada su residencia en Baeza para atender debidamente el culto catedralicio.

La Catedral de Baeza contaba con canónigo-arcipreste, canónigo arcediano, canónigo penitenciario y tres canónigos, a los que se unían el beneficiado organista, el beneficiado sochantre, el beneficiado maestro de ceremonias, el beneficiado sacristán mayor, tres beneficiados y un capellán.

Frente a la Catedral se encontraba el Seminario Conciliar de San Felipe Neri, cuyo rector, administrador y director espiritual en las primeras décadas del siglo XX pertenecían a la congregación de Sacerdotes Operarios Diocesanos.

Las parroquias en Baeza eran tres: Santa María del Alcázar y San Andrés; San Pablo; y El Salvador.

Las casas religiosas eran: Cuatro Monasterios de clausura (femeninos) y las Hijas de la Caridad, que desde 1870 atendían el Hospital.

Las ermitas y oratorios eran abundantes. En el anejo de La Yedra, a 5 kms., había una parroquia con advocación del Santo Cristo de la Yedra, con párroco.

Por razones históricas y ambientales era una ciudad donde el componente religioso tenía una gran trascendencia.

Suprimido el Cuartel de Sementales, dependiente del Arma de Caballería, en el mes de marzo de 1936, y concentrada la Guardia Civil en Úbeda, el mismo 18 de julio, la ciudad quedó muy pronto bajo control de las milicias, que desde el primer momento iniciaron la detención, en ocasiones aparatosa y teatral, de sacerdotes.

Los templos fueron todos incautados y en su mayor parte militarizados. Un aparatoso Batallón Stalin dejaría triste recuerdo en la iglesia de Santa Cruz y en el Seminario Conciliar. Por acuerdo municipal de 18 de septiembre de 1936 se instalaron en el seminario las dependencias del Ayuntamiento, Juzgado, Correos, Telégrafos, Teléfonos, “y los demás centros o entidades de público servicio que se consideren convenientes”.

San Pablo fue sede del Sindicato de Auto-Transportes. De este panorama da cuenta también un documento que describe la situación de deterioro o profanación en que quedaron en 1939 los inmuebles religiosos.

Los sacerdotes residentes en Baeza o sus alrededores que fueron asesinados

Once sacerdotes (diez de ellos del clero secular, más otro sacerdote operario, director espiritual del seminario de Baeza, Manuel Galcerá Videllet), formando parte de una saca de treinta y un detenidos, serían asesinados el 3 de septiembre de 1936 en término de Ibros, como advertencia clara de cuál iba a ser el nuevo orden. Al grupo completo luego se le conocerá con el sobrenombre de ‘los 31’. El grupo está compuesto por los siguientes, sacerdotes, siguiendo orden por su edad:

  1. Pedro José Cejudo de la Torre (67 años) Párroco de La Yedra
  2. Juan Ángel Román Pulido (67 años) Párroco de El Sagrario y el Salvador
  3. Francisco Martínez Baeza (61 años) Canónigo Penitenciario Catedral (Baeza)
  4. Julián Ruiz Guzmán (61 años) Párroco de San Pablo
  5. José López Pérez (60 años) Párroco de San Andrés.
  6. Cipriano Herrera Caballero (62 años) Beneficiado Catedral (Baeza)
  7. Roque Tarazona García (56 años) Beneficiado Catedral (Baeza)
  8. Miguel García Lahoz (40 años) Beneficiado de la Catedral (Baeza)
  9. Antonio Molina Rascón (39 años) Párroco de Lupión
  10. José María de la Hoz Manjón (28 años) Coadjutor de San Pablo.

Con ellos va también, en todo momento de cárcel y muerte, el P. Operario Manuel Galcerá Videllet (Beatificado en Tortosa el 30 de octubre de 2021), director espiritual del seminario de Baeza.

Estos sacerdotes, fueron asesinados ‘in odium fidei’, el día 3 de septiembre de 1936, en la finca Los Capones, del término municipal de Ibros, cerca de Baeza; también habían sido detenidos todos ellos entre el 22 y 23 de julio, y llevados a la cárcel de Baeza donde trascurren sus últimos días, alrededor de unos 40 días.

Todos ellos residían en Baeza en razón de los cargos pastorales que ocupaban. Pero al grupo se añaden dos más con residencia cercana a Baeza. Uno de ellos es el mayor en edad de todo este grupo: el Siervo de Dios Pedro José Cejudo de la Torre; desde antes de 1905, era Párroco en La Parroquia del Sto. Cristo, en La Yedra. Él, cuando llegó el momento de sacarlos de la cárcel para llevarlos al martirio, porfió e insistió en salir vestido con la sotana.

Y el otro, el Siervo de Dios Antonio Molina Rascón, de 39 años, Párroco de Lupión, a 7 Km. de Baeza. También a uno y otro fueron a buscarlos a sus casas en las mismas fechas de 22/23 julio de 1936 y los encarcelaron con el resto del grupo. Cuando llegó el momento de salir hacia el martirio, los ataron de dos en dos por las manos, con alambres.

Motivos de estas muertes.

Las circunstancias de la detención, padecimientos y muerte de todos ellos son idénticas, por lo que se hace el relato de su detención, prisión y martirio de un modo común para los diez.

Estos diez sacerdotes mueren -como se ha dicho- junto a uno de los dos PP. Operarios, Manuel Galcerá Videllet. El P. Galcerá acompañó a los diez Siervos de Dios en todos los días finales, y en la misma hora de la muerte.

El móvil de la misma no fueron sus ideas políticas sino lisa y llanamente el odio y el rencor profesado hacia todo vestigio religioso, ya se tratara de cosas, templos o personas. Un testigo afirma: “Creo que fue el odio de esta gente hacia los sacerdotes; desde que entró la República en España, los sacerdotes eran objeto de persecución”. Otro de los testigos dice: “Creo que la persecución fue consecuencia del odio que se destapó en aquella ocasión contra la religión, contra la Iglesia. Y en el caso concreto de este hombre, por ser sacerdote”.

La preparación inmediata para el martirio queda reflejada en los apuntes biográficos de Don Manuel Galcerá, contenidos en el Martirologio de la Hermandad de los Operarios Diocesanos:

“El 20 de julio de 1936 fue encarcelado en la planta primera del Ayuntamiento. La cárcel estaba llena de presos de Baeza y de Ibros, entre ellos 15 sacerdotes. Durante el cautiverio vivían unidos en la oración y confortados por el sacramento de la penitencia. Desde el 20 de julio al 3 de septiembre vivieron intensa vida de oración, alentándose mutuamente para el martirio”.

La realidad de sus muertes violentas.

Las informaciones sobre el particular y los datos precisos acerca del martirio, procedentes de diversas fuentes, son claros y precisos, y nos proporcionan la certeza de este hecho, lejos de toda duda razonable. Era voz común y todo el pueblo conocía cuándo y en dónde fueron sacrificados.

He aquí el relato de la muerte de Don Manuel Galcerá y sus compañeros mártires, narrada por un testigo:

“Fue el 3 de septiembre del año 1936, de madrugada; con él salieron de la cárcel 31 personas, de los cuales 12 eran sacerdotes, el resto eran seglares, todos varones. Los hicieron subir en camiones atados de los brazos unos con otros con alambres, llevándolos al término de Ibros, a un lugar denominado “Capones” y allí los fusilaron. Todo esto lo sé porque, los verdugos solían, y así ocurrió en este caso, celebrar la muerte de estas personas brindando en un bar de la localidad, por el asesinato que habían cometido, y allí comentaban detalles de cómo había ocurrido, con lo cual llegaba a conocimiento de todo el mundo”.

Su actitud ante el martirio.

En el Martirologio de la Hermandad de Operarios Diocesanos se  nos relata la muerte de los 31 mártires de esta manera:

“En la madrugada del 3 de septiembre de 1936, treinta y uno de los presos – 12 de ellos sacerdotes, entre los que se encontraba Don Manuel Galcerá Videllet – fueron atados y conducidos por una carretera secundaria a un lugar muy apartado, llamado Capones, a unos 9 kms. de Baeza en el término municipal de Ibros. Allí fueron asesinados por un pelotón de milicianos ‘los 31’ y el Canónigo Penitenciario Don Francisco Martínez Baeza absolvió a todos antes de que los mataran”.

El Canónigo Chantre de la Catedral de Jaén, D. Eleuterio Villén Navas, escribió en los años inmediatos a los hechos:

“Según declaraciones del Jefe de la Prisión, Sr. Pavón, durante los 41 días que estuvo en la cárcel [Francisco Martínez Baeza] fue un verdadero Apóstol (dando limosnas y rezando con los presos por lo que fue varias veces duramente castigado), alentando a todos los presos.

En la madrugada de su asesinato, que fue el día 2 de Septiembre del 36, cuando fue avisado por otro compañero (el Párroco de S. Pablo de Baeza) [Julián Ruiz Guzmán] de que iban a ser asesinados, contestó con gran serenidad: “Demos gracias a Dios porque dentro de unos momentos vamos a estar gozando de su presencia”; se reconcilió y reconcilió a los que iban a ser asesinados, entre los que había unos 13 sacerdotes

Al salir de la prisión dio la bendición a todos los presos con un ‘viva Cristo Rey’. Durante el trayecto fue alentando a todos; hablándoles de la muerte y de la dicha que tenían de morir por Cristo; en los momentos del asesinato pidió que le dejasen el último para ayudar a bien morir a los demás.

Terminada esta misión, al llegarle el turno a él se arrodilló diciendo: “¡Señor, perdóname a mí y perdónalos a ellos, que no saben lo que se hacen!”. Estas palabras conmovieron a los que le iban a fusilar, y entonces les dijo: “Tirad ya y no os asustéis, vosotros no sois los responsables sino los que os mandan. ¡Quiero seguir el camino de mis compañeros y no quiero privarme de esta dicha!”.

La sepultura y la traslación

Afirma un testigo: “Los asesinaron el tres de septiembre de 1936 cerca del pueblo de Ibros, en un lugar llamado Capones. Debieron enterrarlos enseguida en una fosa común del cementerio de Ibros. A los tres años fueron trasladados a la capilla dorada de la catedral de Baeza, donde reposan actualmente; yo, asistí al traslado”.

Don León Suárez Palomares, natural de Ibros, que ha estudiado el tema en profundidad, se expresa de esta manera:

“Los cadáveres fueron enterrados en el Cementerio de Ibros en una gran zanja común. En 1939 fueron exhumados y llevados procesionalmente a la catedral de Baeza. A este respecto quiero dar mi testimonio personal. Tenía yo 9 años cuando asistí al traslado de los restos”.

Y en el Martirologio de la Hermandad, Don Antonio Torres, recogiendo sin duda las informaciones más o menos conocidas por la gente, dice:

“En la madrugada del 3 de septiembre de 1936, 31 de los presos, fueron conducidos a un lugar muy apartado llamado Capones. Allí fueron asesinados. Fueron enterrados en una fosa común del cementerio de Ibros. El año 1939 fueron exhumados los restos mortales de los 31, como se denomina en Baeza a estos mártires, y llevados procesionalmente a la catedral de Baeza. En el lugar del martirio se levanta una gran cruz de piedra, en memoria de los 31”.

La fama de martirio.

Los testigos dan fe con las siguientes afirmaciones:

“Al comentarse la muerte de tantos sacerdotes y religiosos como aparecen en las lápidas de la catedral de Jaén, la opinión general era que habían muerto por Dios, como mártires”.

”…en aquel entonces se habló de martirio al referirse a la muerte de estas personas”.

“La gente los consideró martirizados, doliéndose de la muerte que habían sufrido estas personas, que no habían hecho nada delictivo, al contrario”.

La Capilla Dorada de la Catedral de Baeza y la CRUZ, en el lugar de la muerte.

Los nombres de estos mártires, están recogidos en la Capilla Dorada de la Catedral de Baeza; se ha hecho más arriba referencia al traslado de sus restos a este lugar. Por otra parte, en el lugar donde fueron martirizados hay una Cruz erigida como recuerdo y memorial de su vida entregada.

De todos no se pudieron encontrar restos.

Por otra parte, en otro lugar y distintas fechas murieron otros tres sacerdotes de Baeza, aunque en otro grupo distinto; los tres son sacerdotes diocesanos residentes en Baeza, y también otro padre operario más, del seminario de Baeza:

Vicente Catena Vilchez, Manuel Blanco Mesa, Ángel López Salazar, Aquilino Pastor, (Operario Diocesano, beatificado en Tortosa el 30 de octubre de 2021)

ORACIÓN

Señor, concédenos ser siempre, como Francisco, testigos valientes de tu Evangelio y entregar cada día nuestra vida en servicio a nuestros hermanos. Amén.

Beatificación 124 Mártires de la Diócesis de Jaén
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