JOSÉ LÓPEZ PÉREZ
José nació en Sabiote, el día 27 de abril de 1876. Y ese mismo día fue bautizado en la parroquia de la misma población. Su padre era campesino.
Estudió en el Seminario de Jaén, con excelentes calificaciones. Recibió el Presbiterado en las témporas de Adviento de 1901.
Su primer destino fue como Coadjutor en La Carolina, donde era además Capellán del Hospital y de las Hermanas Hospitalarias de San Juan de Dios que atendían esta institución. En 1906 tomó parte en el Concurso a Curatos en el que obtuvo la parroquia de Guarromán. En 1918 fue nombrado Párroco de Villanueva de la Reina y en 1925, por concurso de traslados, obtuvo la parroquia de San Andrés de Baeza; en esta localidad fue también confesor de los Monasterios de Clarisas de San Antonio y de Santa Catalina).
Afirmaba un testigo y colaborador que era un gran devoto de la Virgen del Alcázar, a la cual dedicaba la Sabatina todos los sábados con ornamentos azules. Visitaba a los enfermos. Y a los más pobres y necesitados les dejaba dinero debajo de la almohada para no humillarlos con su caridad.
Contaba un testigo que el día del Corpus de 1936 el alcalde prohibió la procesión del Señor. José, hombre de carácter, subió al púlpito y con voz potente dijo a la gente que quien quisiera lo siguiera hasta el ayuntamiento para pedir permiso al alcalde para salir. Él encabezó la comitiva y muchos lo siguieron, consiguiendo así el permiso para la procesión.
DATOS DE INTERÉS
Estado
Sacerdote
Edad
60 años
Nacimiento
Sabiote, el 27 de abril de 1876
Ordenación presbiteral
en diciembre de 1901
Ministerios
Coadjutor de La Carolina, Párroco Propio de Guarromán, Párroco de Villanueva de la Reina; Párroco de S. Andrés de Baeza
Muerte
Finca “Los Capones”, en Ibros, el 3 de septiembre de 1936
RESEÑA
MARTIRIO
José López Pérez fue detenido por dos milicianos el 23 de julio de 1936 y conducido al Ayuntamiento de Baeza, donde permaneció, hasta que el 3 de septiembre que fue fusilado en Ibros y enterrado en el cementerio de dicha localidad hasta que sus restos fueron llevados a la Catedral de Baeza. Según un testigo, estaba celebrando la misa en la Capilla del Sagrario de la parroquia de San Andrés cuando le avisaron que venían a detenerlo. Él, muy sereno, dijo: “Estoy celebrando y si quieren algo de mí, cuando termine la misa que entren a por mí”. Antes de ser detenido le dio tiempo a pedir a la sacristana que sacara la Reserva del sagrario y la consumiera. Ella lo hizo acompañada de otras personas en una casa vecina a la parroquia.
Como al resto del grupo de Baeza, los sacaron de la cárcel atados de dos en dos con alambres. Él, como los demás asesinados, recibieron la absolución antes de morir de manos del Penitenciario de la Catedral, que fue el último en morir. También murió de rodillas perdonando a sus verdugos.
BIOGRAFÍA AMPLIADA
Nacimiento, infancia, estudios y juventud.
José López Pérez nació en Sabiote el día 27 de abril de 1876. Todos los ascendientes (padres y abuelos) son de Sabiote. Y ese mismo día fue bautizado en la Parroquia de la misma población; se le impusieron los nombres de José Anastasio; su padre era del campo.
En cuanto a sus estudios en el Seminario sabemos que en el curso 1897-1898 estudiaba 1º de Teología y obtuvo Meritíssimus en las tres asignaturas: Lugares Teológicos, Historia de la Iglesia y Patrología y Lengua Hebrea. En el año 1899-1900 ya cursa 3º de Teología. Al solicitar el Diaconado en febrero de 1901 dice que está cursando 4º de Teología y que tiene 24 años. Ya con 25 años, cuando solicita el Presbiterado; dice tener ya aprobado el 4º curso de Teología.
Sagradas Órdenes del Siervo de Dios
Se conservan los expedientes para la Ordenación para Diácono (Cuaresma 1901) y para Presbítero (Adviento 1901).
El día 24 de febrero de 1901, solicita el Diaconado, al mismo tiempo que la dispensa de intersticios. Indica que es seminarista interno de 4ª curso de Sagrada Teología en el Seminario Conciliar de San Felipe Neri, de Jaén; de 24 años de edad.
El Párroco de Sabiote, D. Agustín Casado García, el día 19 de febrero de 1901, certifica sobre el candidato de su buena conducta moral y religiosa, intachable, y de la frecuencia de recibir los sacramentos.
El Obispo de Jaén Victoriano Guisasola y Menéndez el día 8 de marzo de 1901 manda a la Parroquia de Sabiote que se realicen las Publicatas del Subdiácono previas a la Ordenación Diaconal. Para ello también comparecen, el 12 de marzo de 1901, ante el Párroco, Agustín Casado, los testigos Pedro José Garrido de la Torre, Bartolomé Ruiz Martínez, Juan Ruiz Aranda y José Ruiz Cubero. Cada uno de ellos declara sobre cada una de las cuestiones según el interrogatorio unido al mandato en que se ordenan las Publicatas, firmando junto al declarante también el Párroco, que añade al final un informe sobre los declarantes: que merecen entero crédito por su notoria religiosidad, buena fama y morigeradas costumbres.
Recibió el Diaconado el día 15 de marzo de 1901. Cuando ya se ha iniciado el curso siguiente (1901-1902) en noviembre de 1901 solicita el Presbiterado para las próximas Témporas de Santo Tomás. Indica que tiene 25 años de edad, seminarista interno y aprobado el 4º año de Sagrada Teología. Solicita también dispensa de los intersticios.
El día 30 de octubre de 1901 el Párroco, D. Agustín Casado y García certifica sobre la conducta del candidato, uso del hábito talar, asistencia a actos de culto, ejercicio del Orden, frecuencia de sacramentos y asistencia a las conferencias morales tenidas en la Parroquia.
El Obispo Guisasola y Menéndez ordena el día 26 de noviembre de 1901 que se realicen las Publicatas, a lo que da cumplimiento el Párroco de Sabiote, D. Agustín Casado y García.
Destinos y cargos pastorales
Su primer destino, al parecer, fue como Coadjutor en La Carolina donde era Capellán del Hospital y de las Hermanas Hospitalarias de San Juan de Dios que atendían esta institución.
En 1906 toma parte en el Concurso a Curatos en el que obtuvo la Parroquia de Guarromán. Se celebran estas oposiciones siendo Obispo de Jaén Castellote y Pinazo.
El Rey contesta a las propuestas hechas por el Obispo, que presenta una terna para cada Parroquia, y dice que “ha nombrado para los Curatos vacantes a los sacerdotes que ocupan el primer lugar de las ternas”.
En 1918 es Párroco de Villanueva de la Reina,y en 1925 por concurso de traslados obtiene la Parroquia de San Andrés de Baeza donde también fue confesor de los Monasterios de Clarisas (de San Antonio y Santa Catalina).
Don José era muy devoto de la Virgen del Alcázar a la que dedicaba la sabatina todos los sábados, vestido de azul, recuerda un testigo.
Era un sacerdote muy caritativo. Visitaba a los enfermos y los pobres de la feligresía y les dejaba el dinero que podía debajo de la almohada para no humillarlos con su caridad. Lo hacía con humildad y sencillez. Era un hombre de carácter, pero con un gran corazón, afirman los testigos.
Un testigo cuenta que el día del Corpus de 1936 celebraron la Misa en la Catedral de Baeza como era costumbre. Pero el alcalde había prohibido la procesión del Santísimo por las calles. Entonces Don José se subió al púlpito y con voz potente animó, a los que quisieran, a acompañarle hasta el ayuntamiento para pedir permiso al alcalde para salir en procesión. Él encabezó la comitiva y muchos le siguieron. Pidieron permiso con insistencia y valentía y consiguieron la procesión del Santísimo.
Detención prisión y martirio del Siervo de Dios
Un sobrino suyo, también sacerdote, D. Antonio López Valero, indica datos cronológicos de su detención y muerte.
Este sacerdote, en Jaén el 1 de diciembre de 1941 ante el Fiscal general delegado para la Causa General, declara que su tío D. José López Pérez, de 62 años de edad y Párroco de S. Andrés de Baeza, fue detenido por dos milicianos en su domicilio de Baeza el 23 de julio de 1936 y conducido al Ayuntamiento de Baeza, donde permaneció, hasta que el 3 de septiembre fue fusilado en Ibros y enterrado en el cementerio de dicha localidad.
Indica también que el mismo declarante y un hermano menor fueron detenidos en su casa de Sabiote, que fue castigado en la cárcel de Sabiote y puesto en libertad posteriormente el 2 de octubre de 1936.
Un testigo cuenta que cuando fueron a detenerlo estaba celebrando la Santa Misa en la capilla del Sagrario y la sacristana se enfrentó a ellos y les dijo: “¿no os da vergüenza meterse con Don José con todo lo que él ha hecho por vosotros y vuestras familias”, recordándoles así tantas ayudas ofrecidas por el buen párroco.
Cuando le avisaron, en la misa, que venían a detenerlo, él muy sereno dijo: “estoy celebrando y si quieren algo de mí, cuando termine la misa que entren a por mí”.
Sabemos que antes de ser detenido pudo encargar a la sacristana que consumiera el Santísimo para evitar así alguna profanación. Ésta, con otras buenas mujeres, lo hicieron con diligencia y reverencia.
Relato único del Martirio, en la misma hora y lugar, del grupo completo (En el cortijo “Los Capones”, Ibros, el 3 de septiembre de 1936).
Situación socio-religiosa de Baeza en 1936.
Baeza está situada a 48 kms. de la capital. Por razones históricas, al restablecerse en ella la sede giennense tras la conquista por San Fernando, contó con Catedral desde 1248. Cuando la sede se traslada pocos años después a Jaén, una parte del Cabildo Catedral de Jaén -y así fue hasta 1936- tenía asignada su residencia en Baeza para atender debidamente el culto catedralicio.
La Catedral de Baeza contaba con canónigo-arcipreste, canónigo arcediano, canónigo penitenciario y tres canónigos, a los que se unían el beneficiado organista, el beneficiado sochantre, el beneficiado maestro de ceremonias, el beneficiado sacristán mayor, tres beneficiados y un capellán.
Frente a la Catedral se encontraba el Seminario Conciliar de San Felipe Neri, cuyo rector, administrador y director espiritual en las primeras décadas del siglo XX pertenecían a la congregación de Sacerdotes Operarios Diocesanos.
Las parroquias en Baeza eran tres: Santa María del Alcázar y San Andrés; San Pablo; y El Salvador.
Las casas religiosas eran: Cuatro Monasterios de clausura (femeninos) y las Hijas de la Caridad, que desde 1870 atendían el Hospital.
Las ermitas y oratorios eran abundantes. En el anejo de La Yedra, a 5 kms., había una parroquia con advocación del Santo Cristo de la Yedra, con párroco.
Por razones históricas y ambientales era una ciudad donde el componente religioso tenía una gran trascendencia.
Suprimido el Cuartel de Sementales, dependiente del Arma de Caballería, en el mes de marzo de 1936, y concentrada la Guardia Civil en Úbeda, el mismo 18 de julio, la ciudad quedó muy pronto bajo control de las milicias, que desde el primer momento iniciaron la detención, en ocasiones aparatosa y teatral, de sacerdotes.
Los templos fueron todos incautados y en su mayor parte militarizados. Un aparatoso Batallón Stalin dejaría triste recuerdo en la iglesia de Santa Cruz y en el Seminario Conciliar. Por acuerdo municipal de 18 de septiembre de 1936 se instalaron en el seminario las dependencias del Ayuntamiento, Juzgado, Correos, Telégrafos, Teléfonos, “y los demás centros o entidades de público servicio que se consideren convenientes”.
San Pablo fue sede del Sindicato de Auto-Transportes. De este panorama da cuenta también un documento que describe la situación de deterioro o profanación en que quedaron en 1939 los inmuebles religiosos.
Los sacerdotes residentes en Baeza o sus alrededores que fueron asesinados
Once sacerdotes (diez de ellos del clero secular, más otro sacerdote operario, director espiritual del seminario de Baeza, Manuel Galcerá Videllet), formando parte de una saca de treinta y un detenidos, serían asesinados el 3 de septiembre de 1936 en término de Ibros, como advertencia clara de cuál iba a ser el nuevo orden. Al grupo completo luego se le conocerá con el sobrenombre de ‘los 31’. El grupo está compuesto por los siguientes, sacerdotes, siguiendo orden por su edad:
- Pedro José Cejudo de la Torre (67 años) Párroco de La Yedra
- Juan Ángel Román Pulido (67 años) Párroco de El Sagrario y el Salvador
- Francisco Martínez Baeza (61 años) Canónigo Penitenciario Catedral (Baeza)
- Julián Ruiz Guzmán (61 años) Párroco de San Pablo
- José López Pérez (60 años) Párroco de San Andrés.
- Cipriano Herrera Caballero (62 años) Beneficiado Catedral (Baeza)
- Roque Tarazona García (56 años) Beneficiado Catedral (Baeza)
- Miguel García Lahoz (40 años) Beneficiado de la Catedral (Baeza)
- Antonio Molina Rascón (39 años) Párroco de Lupión
- José María de la Hoz Manjón (28 años) Coadjutor de San Pablo.
Con ellos va también, en todo momento de cárcel y muerte, el P. Operario Manuel Galcerá Videllet (Beatificado en Tortosa el 30 de octubre de 2021), director espiritual del seminario de Baeza.
Estos sacerdotes, fueron asesinados ‘in odium fidei’, el día 3 de septiembre de 1936, en la finca Los Capones, del término municipal de Ibros, cerca de Baeza; también habían sido detenidos todos ellos entre el 22 y 23 de julio, y llevados a la cárcel de Baeza donde trascurren sus últimos días, alrededor de unos 40 días.
Todos ellos residían en Baeza en razón de los cargos pastorales que ocupaban. Pero al grupo se añaden dos más con residencia cercana a Baeza. Uno de ellos es el mayor en edad de todo este grupo: el Siervo de Dios Pedro José Cejudo de la Torre; desde antes de 1905, era Párroco en La Parroquia del Sto. Cristo, en La Yedra. Él, cuando llegó el momento de sacarlos de la cárcel para llevarlos al martirio, porfió e insistió en salir vestido con la sotana.
Y el otro, el Siervo de Dios Antonio Molina Rascón, de 39 años, Párroco de Lupión, a 7 Km. de Baeza. También a uno y otro fueron a buscarlos a sus casas en las mismas fechas de 22/23 julio de 1936 y los encarcelaron con el resto del grupo. Cuando llegó el momento de salir hacia el martirio, los ataron de dos en dos por las manos, con alambres.
Motivos de estas muertes.
Las circunstancias de la detención, padecimientos y muerte de todos ellos son idénticas, por lo que se hace el relato de su detención, prisión y martirio de un modo común para los diez.
Estos diez sacerdotes mueren -como se ha dicho- junto a uno de los dos PP. Operarios, Manuel Galcerá Videllet. El P. Galcerá acompañó a los diez Siervos de Dios en todos los días finales, y en la misma hora de la muerte.
El móvil de la misma no fueron sus ideas políticas sino lisa y llanamente el odio y el rencor profesado hacia todo vestigio religioso, ya se tratara de cosas, templos o personas. Un testigo afirma: “Creo que fue el odio de esta gente hacia los sacerdotes; desde que entró la República en España, los sacerdotes eran objeto de persecución”. Otro de los testigos dice: “Creo que la persecución fue consecuencia del odio que se destapó en aquella ocasión contra la religión, contra la Iglesia. Y en el caso concreto de este hombre, por ser sacerdote”.
La preparación inmediata para el martirio queda reflejada en los apuntes biográficos de Don Manuel Galcerá, contenidos en el Martirologio de la Hermandad de los Operarios Diocesanos:
“El 20 de julio de 1936 fue encarcelado en la planta primera del Ayuntamiento. La cárcel estaba llena de presos de Baeza y de Ibros, entre ellos 15 sacerdotes. Durante el cautiverio vivían unidos en la oración y confortados por el sacramento de la penitencia. Desde el 20 de julio al 3 de septiembre vivieron intensa vida de oración, alentándose mutuamente para el martirio”.
La realidad de sus muertes violentas.
Las informaciones sobre el particular y los datos precisos acerca del martirio, procedentes de diversas fuentes, son claros y precisos, y nos proporcionan la certeza de este hecho, lejos de toda duda razonable. Era voz común y todo el pueblo conocía cuándo y en dónde fueron sacrificados.
He aquí el relato de la muerte de Don Manuel Galcerá y sus compañeros mártires, narrada por un testigo:
“Fue el 3 de septiembre del año 1936, de madrugada; con él salieron de la cárcel 31 personas, de los cuales 12 eran sacerdotes, el resto eran seglares, todos varones. Los hicieron subir en camiones atados de los brazos unos con otros con alambres, llevándolos al término de Ibros, a un lugar denominado “Capones” y allí los fusilaron. Todo esto lo sé porque, los verdugos solían, y así ocurrió en este caso, celebrar la muerte de estas personas brindando en un bar de la localidad, por el asesinato que habían cometido, y allí comentaban detalles de cómo había ocurrido, con lo cual llegaba a conocimiento de todo el mundo”.
Su actitud ante el martirio.
En el Martirologio de la Hermandad de Operarios Diocesanos se nos relata la muerte de los 31 mártires de esta manera:
“En la madrugada del 3 de septiembre de 1936, treinta y uno de los presos – 12 de ellos sacerdotes, entre los que se encontraba Don Manuel Galcerá Videllet – fueron atados y conducidos por una carretera secundaria a un lugar muy apartado, llamado Capones, a unos 9 kms. de Baeza en el término municipal de Ibros. Allí fueron asesinados por un pelotón de milicianos ‘los 31’ y el Canónigo Penitenciario Don Francisco Martínez Baeza absolvió a todos antes de que los mataran”.
El Canónigo Chantre de la Catedral de Jaén, D. Eleuterio Villén Navas, escribió en los años inmediatos a los hechos:
“Según declaraciones del Jefe de la Prisión, Sr. Pavón, durante los 41 días que estuvo en la cárcel [Francisco Martínez Baeza] fue un verdadero Apóstol (dando limosnas y rezando con los presos por lo que fue varias veces duramente castigado), alentando a todos los presos.
En la madrugada de su asesinato, que fue el día 2 de Septiembre del 36, cuando fue avisado por otro compañero (el Párroco de S. Pablo de Baeza) [Julián Ruiz Guzmán] de que iban a ser asesinados, contestó con gran serenidad: “Demos gracias a Dios porque dentro de unos momentos vamos a estar gozando de su presencia”; se reconcilió y reconcilió a los que iban a ser asesinados, entre los que había unos 13 sacerdotes
Al salir de la prisión dio la bendición a todos los presos con un ‘viva Cristo Rey’. Durante el trayecto fue alentando a todos; hablándoles de la muerte y de la dicha que tenían de morir por Cristo; en los momentos del asesinato pidió que le dejasen el último para ayudar a bien morir a los demás.
Terminada esta misión, al llegarle el turno a él se arrodilló diciendo: “¡Señor, perdóname a mí y perdónalos a ellos, que no saben lo que se hacen!”. Estas palabras conmovieron a los que le iban a fusilar, y entonces les dijo: “Tirad ya y no os asustéis, vosotros no sois los responsables sino los que os mandan. ¡Quiero seguir el camino de mis compañeros y no quiero privarme de esta dicha!”.
La sepultura y la traslación
Afirma un testigo: “Los asesinaron el tres de septiembre de 1936 cerca del pueblo de Ibros, en un lugar llamado Capones. Debieron enterrarlos enseguida en una fosa común del cementerio de Ibros. A los tres años fueron trasladados a la capilla dorada de la catedral de Baeza, donde reposan actualmente; yo, asistí al traslado”.
Don León Suárez Palomares, natural de Ibros, que ha estudiado el tema en profundidad, se expresa de esta manera:
“Los cadáveres fueron enterrados en el Cementerio de Ibros en una gran zanja común. En 1939 fueron exhumados y llevados procesionalmente a la catedral de Baeza. A este respecto quiero dar mi testimonio personal. Tenía yo 9 años cuando asistí al traslado de los restos”.
Y en el Martirologio de la Hermandad, Don Antonio Torres, recogiendo sin duda las informaciones más o menos conocidas por la gente, dice:
“En la madrugada del 3 de septiembre de 1936, 31 de los presos, fueron conducidos a un lugar muy apartado llamado Capones. Allí fueron asesinados. Fueron enterrados en una fosa común del cementerio de Ibros. El año 1939 fueron exhumados los restos mortales de los 31, como se denomina en Baeza a estos mártires, y llevados procesionalmente a la catedral de Baeza. En el lugar del martirio se levanta una gran cruz de piedra, en memoria de los 31”.
La fama de martirio.
Los testigos dan fe con las siguientes afirmaciones:
“Al comentarse la muerte de tantos sacerdotes y religiosos como aparecen en las lápidas de la catedral de Jaén, la opinión general era que habían muerto por Dios, como mártires”.
”…en aquel entonces se habló de martirio al referirse a la muerte de estas personas”.
“La gente los consideró martirizados, doliéndose de la muerte que habían sufrido estas personas, que no habían hecho nada delictivo, al contrario”.
La Capilla Dorada de la Catedral de Baeza y la CRUZ, en el lugar de la muerte.
Los nombres de estos mártires, están recogidos en la Capilla Dorada de la Catedral de Baeza; se ha hecho más arriba referencia al traslado de sus restos a este lugar. Por otra parte, en el lugar donde fueron martirizados hay una Cruz erigida como recuerdo y memorial de su vida entregada.
De todos no se pudieron encontrar restos.
Por otra parte, en otro lugar y distintas fechas murieron otros tres sacerdotes de Baeza, aunque en otro grupo distinto; los tres son sacerdotes diocesanos residentes en Baeza, y también otro padre operario más, del seminario de Baeza:
Vicente Catena Vilchez, Manuel Blanco Mesa, Ángel López Salazar, Aquilino Pastor, (Operario Diocesano, beatificado en Tortosa el 30 de octubre de 2021)
ORACIÓN
Señor, concédenos ser siempre, como José, testigos valientes de tu Evangelio y entregar cada día nuestra vida en servicio a nuestros hermanos. Amén.
