CIPRIANO HERRERA CABALLERO
Cipriano nació en Jódar, el día 16 de septiembre de 1874. Fue bautizado en la parroquia de la Asunción de la misma localidad, el día 18 de septiembre. Sus abuelos maternos eran de Bedmar y su madre, de Úbeda; el padre y los abuelos pater-nos eran también ubetenses. Su padre era farmacéutico.
Estudio en los Seminarios de Jaén y Baeza. En el momento de su ordenación presbiteral ya habían muerto sus padres. Dicha ordenación se celebró en la Cuaresma de 1900.
Era un hombre de amplia preparación en materias sagradas y profanas. En 1905 obtuvo el título de Bachiller y consta que ese mismo año era ya profesor de lengua hebrea en los cursos de Teología y de historia de España en Humanidades, en el Seminario de Baeza.
Toda su vida sirvió a la Diócesis formando a los seminaristas. También fue Capellán de las Hermanitas de los Pobres.
DATOS DE INTERÉS
Estado
Sacerdote
Edad
62 años
Nacimiento
Jódar, el 16 septiembre 1874
Ordenación presbiteral
en las Témporas Cuaresma de 1900
Ministerios
Profesor del Seminario de Baeza, Capellán de las MM. Fran-ciscanas de San Antonio de Baeza, Capellán de las Hermanitas de los Pobres de Baeza, en 1918, Beneficiado-capellán de la Catedral de Baeza en 1930
Muerte
Finca “Los Capones”, en Ibros, el 3 de septiembre de 1936
RESEÑA
MARTIRIO
Es uno de los sacerdotes diocesanos que fueron encarcelados en Baeza juntos. La represión en Baeza en esos días fue muy dura y pretendía que sirviera de advertencia sobre cuál iba a ser el nuevo orden social. Por eso dieron muerte a un gran grupo a la vez. Los sacaron de la cárcel atados de dos en dos con alambres, el 3 de septiembre, al paraje de “Los Capones”, en el término de Ibros, donde fueron asesinados.
Él era consciente del peligro que corría su vida y, aun así, permaneció junto a sus fieles
BIOGRAFÍA AMPLIADA
Nacimiento, infancia y estudios
Nació en Jódar el día 16 de septiembre de 1874. Fue bautizado en la Parroquia de la Asunción de la misma localidad el día 18 de septiembre. Se le impusieron los nombres de Cipriano Cornelio José. Es hijo de Antonio Herrera Cortés y Mª Josefa Caballero Molero. Los abuelos maternos son de Bedmar y la madre de Úbeda; el padre y los abuelos paternos son de Úbeda. Al menos fueron tres hermanos pues los padrinos de Bautismo fueron Francisco y Manuela, hermanos suyos. Nos consta la profesión del padre, que es farmacéutico.
Recibió la Confirmación en la Parroquia de Jódar el día 11 de octubre de 1880, de manos del Obispo de Jaén, Manuel María González Sánchez.
De sus estudios solo hemos podido conocer los datos que él mismo aporta en los expedientes de Órdenes para Tonsura, Menores y Subdiaconado. Dice que es alumno interno del Seminario de Jaén y que estudiaba el 5º año de Sagrada Teología (7 de febrero de 1899). Luego, en los respectivos expedientes para la Ordenación de Diácono (4 de agosto de 1899) y de Presbítero (6 de febrero de 1900) no hace referencia ni a edad ni a estudios que pudiera estar cursando.
Sagradas Órdenes
El día 7 de febrero de 1899 solicitó del obispo de Jaén la primera clerical tonsura, las cuatro primeras órdenes y el sagrado subdiaconado. En su solicitud dice que es seminarista interno del seminario de Jaén con beca de gracia de la Asociación Josefina; que tiene 24 años de edad y que estudia el 5º año de Sagrada Teología.
Con la misma fecha, el Siervo de Dios dirige otra solicitud al obispo pidiéndole dispensa del título de patrimonio por no tener suficiente capital para constituirlo.
El 7 de marzo, le concede el obispo Guisasola y Menéndez esta dispensa de título por lo que al día siguiente emite juramento de aceptar el cargo que, en servicio de la Iglesia y para su congrua sustentación, tuviera a bien encomendarle el prelado.
Al expediente se une copia de la partida de bautismo y certificado de conducta intachable, moral y religiosa, y buena fama y costumbre; expide este certificado el párroco de Mancha Real.
Hay otro certificado del párroco en que dice: “que es hijo legítimo de los difuntos Antonio y María Josefa, que es pobre, ascendiendo el pequeño capital de sus padres heredados a unas mil quinientas pesetas”.
En el mismo expediente se une un certificado de la comisión mixta de reclutamiento de Jaén con fecha 3 de agosto de 1898; se certifica es declarado soldado condicional por ser hijo de padre sexagenario. Quizá muriera el padre por aquellas fechas pues en el certificado de ‘reclutamiento (3 agosto 1898) se dice que el padre es sexagenario; y en el certificado del párroco (4 de febrero de 1899) ya habla de sus difuntos padres y del capital heredado.
El día 23 de febrero de 1894, el obispo de Jaén remite las Publicatas a la parroquia de Jódar y las cumplimenta en los días siguientes el párroco. Ante él comparecen varios testigos que declaran por separado favorablemente sobre él. Así por ejemplo todos dicen que es honesto, y recogido, de buena vida, fama y costumbres, inclinado al culto divino y apartado de pendencias y ruidos.
Recibió la Tonsura, Menores y Subdiaconado el viernes y sábado anteriores a la Dominica de Pasión de 1899.
El Diaconado lo solicitó el 4 de agosto de 1899 para recibirlo en las témporas de San Mateo.
El día 6 de febrero de 1900 firma en Baeza la solicitud para ser ordenado Presbítero, en las Órdenes que se celebrarán en la próxima 5ª Semana de Cuaresma. Indica que es natural de Jódar, Clérigo Diácono, residente en el Seminario de Baeza. Solicita también la dispensa de intersticios.
El día 24 de marzo de 1900 el Obispo de Jaén, Guisasola y Menéndez, ordena se realicen las Publicatas previas a la Ordenación de Presbítero.
Debió ser un hombre de amplia preparación en materias sagradas y profanas. En 1905 tiene el título de Bachiller y en el mismo año aparece como profesor de Lengua Hebrea en los cursos de Teología y de Historia de España en Humanidades, en el Seminario de Baeza. También en 1918-19 aparece como profesor de Metafísica, Historia Natural y Fisiología. En 1930 es profesor en el mismo seminario de Aritmética y Álgebra, de Geometría y Trigonometría. Por estos datos se ve que toda su vida sirvió a la Diócesis formando a los seminaristas. También fue Capellán de las Hermanitas de los Pobres”.
Cargos pastorales
- Profesor del Seminario de Baeza, en 1902.
- Profesor de Lengua Hebrea en el mismo Seminario, en 1905.
- Capellán de las MM. Franciscanas de S. Antonio, en Baeza.
- Profesor de Metafísica, Historia Natural, y Fisiología; e Hª de España en el Seminario de Baeza, en 1918.
- Capellán de las Htas. de los Pobres en Baeza, en 1918.
- Beneficiado-capellán de la Catedral de Baeza en 1930.
- Profesor en el Seminario de Baeza de Aritmética y Álgebra; y Geometría y Trigonometría.
Relato único del Martirio, en la misma hora y lugar, del grupo completo (En el cortijo “Los Capones”, Ibros, el 3 de septiembre de 1936).
Situación socio-religiosa de Baeza en 1936.
Baeza está situada a 48 kms. de la capital. Por razones históricas, al restablecerse en ella la sede giennense tras la conquista por San Fernando, contó con Catedral desde 1248. Cuando la sede se traslada pocos años después a Jaén, una parte del Cabildo Catedral de Jaén -y así fue hasta 1936- tenía asignada su residencia en Baeza para atender debidamente el culto catedralicio.
La Catedral de Baeza contaba con canónigo-arcipreste, canónigo arcediano, canónigo penitenciario y tres canónigos, a los que se unían el beneficiado organista, el beneficiado sochantre, el beneficiado maestro de ceremonias, el beneficiado sacristán mayor, tres beneficiados y un capellán.
Frente a la Catedral se encontraba el Seminario Conciliar de San Felipe Neri, cuyo rector, administrador y director espiritual en las primeras décadas del siglo XX pertenecían a la congregación de Sacerdotes Operarios Diocesanos.
Las parroquias en Baeza eran tres: Santa María del Alcázar y San Andrés; San Pablo; y El Salvador.
Las casas religiosas eran: Cuatro Monasterios de clausura (femeninos) y las Hijas de la Caridad, que desde 1870 atendían el Hospital.
Las ermitas y oratorios eran abundantes. En el anejo de La Yedra, a 5 kms., había una parroquia con advocación del Santo Cristo de la Yedra, con párroco.
Por razones históricas y ambientales era una ciudad donde el componente religioso tenía una gran trascendencia.
Suprimido el Cuartel de Sementales, dependiente del Arma de Caballería, en el mes de marzo de 1936, y concentrada la Guardia Civil en Úbeda, el mismo 18 de julio, la ciudad quedó muy pronto bajo control de las milicias, que desde el primer momento iniciaron la detención, en ocasiones aparatosa y teatral, de sacerdotes.
Los templos fueron todos incautados y en su mayor parte militarizados. Un aparatoso Batallón Stalin dejaría triste recuerdo en la iglesia de Santa Cruz y en el Seminario Conciliar. Por acuerdo municipal de 18 de septiembre de 1936 se instalaron en el seminario las dependencias del Ayuntamiento, Juzgado, Correos, Telégrafos, Teléfonos, “y los demás centros o entidades de público servicio que se consideren convenientes”.
San Pablo fue sede del Sindicato de Auto-Transportes. De este panorama da cuenta también un documento que describe la situación de deterioro o profanación en que quedaron en 1939 los inmuebles religiosos.
Los sacerdotes residentes en Baeza o sus alrededores que fueron asesinados
Once sacerdotes (diez de ellos del clero secular, más otro sacerdote operario, director espiritual del seminario de Baeza, Manuel Galcerá Videllet), formando parte de una saca de treinta y un detenidos, serían asesinados el 3 de septiembre de 1936 en término de Ibros, como advertencia clara de cuál iba a ser el nuevo orden. Al grupo completo luego se le conocerá con el sobrenombre de ‘los 31’. El grupo está compuesto por los siguientes, sacerdotes, siguiendo orden por su edad:
- Pedro José Cejudo de la Torre (67 años) Párroco de La Yedra
- Juan Ángel Román Pulido (67 años) Párroco de El Sagrario y el Salvador
- Francisco Martínez Baeza (61 años) Canónigo Penitenciario Catedral (Baeza)
- Julián Ruiz Guzmán (61 años) Párroco de San Pablo
- José López Pérez (60 años) Párroco de San Andrés.
- Cipriano Herrera Caballero (62 años) Beneficiado Catedral (Baeza)
- Roque Tarazona García (56 años) Beneficiado Catedral (Baeza)
- Miguel García Lahoz (40 años) Beneficiado de la Catedral (Baeza)
- Antonio Molina Rascón (39 años) Párroco de Lupión
- José María de la Hoz Manjón (28 años) Coadjutor de San Pablo.
Con ellos va también, en todo momento de cárcel y muerte, el P. Operario Manuel Galcerá Videllet (Beatificado en Tortosa el 30 de octubre de 2021), director espiritual del seminario de Baeza.
Estos sacerdotes, fueron asesinados ‘in odium fidei’, el día 3 de septiembre de 1936, en la finca Los Capones, del término municipal de Ibros, cerca de Baeza; también habían sido detenidos todos ellos entre el 22 y 23 de julio, y llevados a la cárcel de Baeza donde trascurren sus últimos días, alrededor de unos 40 días.
Todos ellos residían en Baeza en razón de los cargos pastorales que ocupaban. Pero al grupo se añaden dos más con residencia cercana a Baeza. Uno de ellos es el mayor en edad de todo este grupo: el Siervo de Dios Pedro José Cejudo de la Torre; desde antes de 1905, era Párroco en La Parroquia del Sto. Cristo, en La Yedra. Él, cuando llegó el momento de sacarlos de la cárcel para llevarlos al martirio, porfió e insistió en salir vestido con la sotana.
Y el otro, el Siervo de Dios Antonio Molina Rascón, de 39 años, Párroco de Lupión, a 7 Km. de Baeza. También a uno y otro fueron a buscarlos a sus casas en las mismas fechas de 22/23 julio de 1936 y los encarcelaron con el resto del grupo. Cuando llegó el momento de salir hacia el martirio, los ataron de dos en dos por las manos, con alambres.
Motivos de estas muertes.
Las circunstancias de la detención, padecimientos y muerte de todos ellos son idénticas, por lo que se hace el relato de su detención, prisión y martirio de un modo común para los diez.
Estos diez sacerdotes mueren -como se ha dicho- junto a uno de los dos PP. Operarios, Manuel Galcerá Videllet. El P. Galcerá acompañó a los diez Siervos de Dios en todos los días finales, y en la misma hora de la muerte.
El móvil de la misma no fueron sus ideas políticas sino lisa y llanamente el odio y el rencor profesado hacia todo vestigio religioso, ya se tratara de cosas, templos o personas. Un testigo afirma: “Creo que fue el odio de esta gente hacia los sacerdotes; desde que entró la República en España, los sacerdotes eran objeto de persecución”. Otro de los testigos dice: “Creo que la persecución fue consecuencia del odio que se destapó en aquella ocasión contra la religión, contra la Iglesia. Y en el caso concreto de este hombre, por ser sacerdote”.
La preparación inmediata para el martirio queda reflejada en los apuntes biográficos de Don Manuel Galcerá, contenidos en el Martirologio de la Hermandad de los Operarios Diocesanos:
“El 20 de julio de 1936 fue encarcelado en la planta primera del Ayuntamiento. La cárcel estaba llena de presos de Baeza y de Ibros, entre ellos 15 sacerdotes. Durante el cautiverio vivían unidos en la oración y confortados por el sacramento de la penitencia. Desde el 20 de julio al 3 de septiembre vivieron intensa vida de oración, alentándose mutuamente para el martirio”.
La realidad de sus muertes violentas.
Las informaciones sobre el particular y los datos precisos acerca del martirio, procedentes de diversas fuentes, son claros y precisos, y nos proporcionan la certeza de este hecho, lejos de toda duda razonable. Era voz común y todo el pueblo conocía cuándo y en dónde fueron sacrificados.
He aquí el relato de la muerte de Don Manuel Galcerá y sus compañeros mártires, narrada por un testigo:
“Fue el 3 de septiembre del año 1936, de madrugada; con él salieron de la cárcel 31 personas, de los cuales 12 eran sacerdotes, el resto eran seglares, todos varones. Los hicieron subir en camiones atados de los brazos unos con otros con alambres, llevándolos al término de Ibros, a un lugar denominado “Capones” y allí los fusilaron. Todo esto lo sé porque, los verdugos solían, y así ocurrió en este caso, celebrar la muerte de estas personas brindando en un bar de la localidad, por el asesinato que habían cometido, y allí comentaban detalles de cómo había ocurrido, con lo cual llegaba a conocimiento de todo el mundo”.
Su actitud ante el martirio.
En el Martirologio de la Hermandad de Operarios Diocesanos se nos relata la muerte de los 31 mártires de esta manera:
“En la madrugada del 3 de septiembre de 1936, treinta y uno de los presos – 12 de ellos sacerdotes, entre los que se encontraba Don Manuel Galcerá Videllet – fueron atados y conducidos por una carretera secundaria a un lugar muy apartado, llamado Capones, a unos 9 kms. de Baeza en el término municipal de Ibros. Allí fueron asesinados por un pelotón de milicianos ‘los 31’ y el Canónigo Penitenciario Don Francisco Martínez Baeza absolvió a todos antes de que los mataran”.
El Canónigo Chantre de la Catedral de Jaén, D. Eleuterio Villén Navas, escribió en los años inmediatos a los hechos:
“Según declaraciones del Jefe de la Prisión, Sr. Pavón, durante los 41 días que estuvo en la cárcel [Francisco Martínez Baeza] fue un verdadero Apóstol (dando limosnas y rezando con los presos por lo que fue varias veces duramente castigado), alentando a todos los presos.
En la madrugada de su asesinato, que fue el día 2 de Septiembre del 36, cuando fue avisado por otro compañero (el Párroco de S. Pablo de Baeza) [Julián Ruiz Guzmán] de que iban a ser asesinados, contestó con gran serenidad: “Demos gracias a Dios porque dentro de unos momentos vamos a estar gozando de su presencia”; se reconcilió y reconcilió a los que iban a ser asesinados, entre los que había unos 13 sacerdotes
Al salir de la prisión dio la bendición a todos los presos con un ‘viva Cristo Rey’. Durante el trayecto fue alentando a todos; hablándoles de la muerte y de la dicha que tenían de morir por Cristo; en los momentos del asesinato pidió que le dejasen el último para ayudar a bien morir a los demás.
Terminada esta misión, al llegarle el turno a él se arrodilló diciendo: “¡Señor, perdóname a mí y perdónalos a ellos, que no saben lo que se hacen!”. Estas palabras conmovieron a los que le iban a fusilar, y entonces les dijo: “Tirad ya y no os asustéis, vosotros no sois los responsables sino los que os mandan. ¡Quiero seguir el camino de mis compañeros y no quiero privarme de esta dicha!”.
La sepultura y la traslación
Afirma un testigo: “Los asesinaron el tres de septiembre de 1936 cerca del pueblo de Ibros, en un lugar llamado Capones. Debieron enterrarlos enseguida en una fosa común del cementerio de Ibros. A los tres años fueron trasladados a la capilla dorada de la catedral de Baeza, donde reposan actualmente; yo, asistí al traslado”.
Don León Suárez Palomares, natural de Ibros, que ha estudiado el tema en profundidad, se expresa de esta manera:
“Los cadáveres fueron enterrados en el Cementerio de Ibros en una gran zanja común. En 1939 fueron exhumados y llevados procesionalmente a la catedral de Baeza. A este respecto quiero dar mi testimonio personal. Tenía yo 9 años cuando asistí al traslado de los restos”.
Y en el Martirologio de la Hermandad, Don Antonio Torres, recogiendo sin duda las informaciones más o menos conocidas por la gente, dice:
“En la madrugada del 3 de septiembre de 1936, 31 de los presos, fueron conducidos a un lugar muy apartado llamado Capones. Allí fueron asesinados. Fueron enterrados en una fosa común del cementerio de Ibros. El año 1939 fueron exhumados los restos mortales de los 31, como se denomina en Baeza a estos mártires, y llevados procesionalmente a la catedral de Baeza. En el lugar del martirio se levanta una gran cruz de piedra, en memoria de los 31”.
La fama de martirio.
Los testigos dan fe con las siguientes afirmaciones:
“Al comentarse la muerte de tantos sacerdotes y religiosos como aparecen en las lápidas de la catedral de Jaén, la opinión general era que habían muerto por Dios, como mártires”.
”…en aquel entonces se habló de martirio al referirse a la muerte de estas personas”.
“La gente los consideró martirizados, doliéndose de la muerte que habían sufrido estas personas, que no habían hecho nada delictivo, al contrario”.
La Capilla Dorada de la Catedral de Baeza y la CRUZ, en el lugar de la muerte.
Los nombres de estos mártires, están recogidos en la Capilla Dorada de la Catedral de Baeza; se ha hecho más arriba referencia al traslado de sus restos a este lugar. Por otra parte, en el lugar donde fueron martirizados hay una Cruz erigida como recuerdo y memorial de su vida entregada.
De todos no se pudieron encontrar restos.
Por otra parte, en otro lugar y distintas fechas murieron otros tres sacerdotes de Baeza, aunque en otro grupo distinto; los tres son sacerdotes diocesanos residentes en Baeza, y también otro padre operario más, del seminario de Baeza:
Vicente Catena Vilchez, Manuel Blanco Mesa, Ángel López Salazar, Aquilino Pastor, (Operario Diocesano, beatificado en Tortosa el 30 de octubre de 2021)
ORACIÓN
Señor, concédenos ser siempre, como Cipriano, testigos valientes de tu Evangelio y entregar cada día nuestra vida en servicio a nuestros hermanos. Amén.
