ROQUE TARAZONA GARCÍA

Roque nació en Tarazona (Zaragoza), el 16 de agosto de 1880. Ingresó en el Seminario de esa ciudad el año 1891 y allí realizó los estudios eclesiásticos.

Roque vino como Sacerdote a la Diócesis de Jaén en febrero de 1931. Toda su vida anterior –estudios, ordenaciones, cargos pastorales– hasta esa fecha se desarrolló en la Diócesis de Tarazona.

Desde 1911 a 1913 desempeñó el cargo de coadjutor de Santa María de Maluenda; y desde 1913 fue Coadjutor de San Pedro de Sabiñán. Consiguió en Tarazona un Beneficio que disfrutó hasta finales de 1930.

El 31 de diciembre de 1930, el Cabildo de Jaén dio el visto bueno para una permuta del Beneficio que disfrutaba Roque por el que poseía Pedro Nolasco García en la localidad de Baeza. El 27 de febrero de 1931, Roque pide se le dé posesión, acto que se llevó a cabo al día siguiente. Así se inició la anda-dura del sacerdote mártir en Baeza, que duró poco más de cinco años.

DATOS DE INTERÉS

Estado

Sacerdote

Edad

56 años

Nacimiento

Tarazona (Zaragoza), el 16 de agosto de 1880

Ordenación presbiteral

Tarazona, el 19 de diciembre de 1903

Ministerios

Beneficiado de la Catedral de Baeza

Muerte

Finca “Los Capones”, en Ibros, el 3 de septiembre de 1936

RESEÑA

MARTIRIO

Fue hecho prisionero con los demás sacerdotes de Baeza y otros muchos seglares y con ellos asesinado.

La represión en Baeza en esos días fue muy dura y pretendía que sirviera de advertencia sobre cuál iba a ser el nuevo orden social. Por eso dieron muerte a un gran grupo a la vez. Los sacaron de la cárcel atados de dos en dos con alambres, el 3 de septiembre, al paraje de “Los Capones”, en el término de Ibros, donde fueron asesinados.

Los testigos afirman que, al igual que los demás presbíteros que murieron con él, era un buen sacerdote y que este fue el único motivo de su detención y muerte. También él murió de rodillas y perdonando a sus ejecutores.

BIOGRAFÍA AMPLIADA

Nacimiento, infancia, estudios y Ordenaciones del Siervo de Dios

Roque Baltasar Tarazona García, vino como Sacerdote a la Diócesis de Jaén en febrero de 1931. Toda su vida anterior, estudios, Ordenaciones, cargos pastorales hasta tal fecha se desarrolla en la Diócesis de Tarazona.

Su venida a Baeza, como beneficiado de la Catedral fue por permuta con el Reverendo Pedro Nolasco García, que era beneficiado en la Catedral de Baeza y permuta su beneficio con él que usufructuaba otro en Tarazona. Ello hace que conozcamos unos datos muy escasos de su vida, desde que nació, en 1880, hasta sus 51 años de edad en que deja Tarazona y viene a Baeza en 1931.

Estos son tales datos:

  • Bautismo: en la Parroquia de S. Andrés, de la Catedral el 17-08-1880.
  • Confirmación: en la Parroquia de Sta. Mª Magdalena de Tarazona el 06-08-1881
  • Menores: en Tarazona en las Témporas de Santo Tomás Apóstol del año 1901
  • Subdiácono: en Tarazona en las Témporas de la Stma. Trinidad de 1903
  • Presbiterado: en Tarazona en las Témporas de Sta. Tomás, el 19-12-1903

Su traslado a Baeza

Los primeros años de sacerdocio los pasó en la ciudad episcopal y así de 1904 a 1911 celebró a las 11 la Santa Misa en la Iglesia de San Francisco de Tarazona. Desde 1911 a 1913 desempeña el cargo de coadjutor de Santa María de Maluenda y desde 1913 coadjutor de San Pedro de Sabiñán. Consiguió en Tarazona un Beneficio que disfrutó hasta finales de 1930.

El 31 de diciembre de 1930, el Cabildo de Jaén dará el visto bueno para una permuta del Beneficio que disfrutara el Sr. Tarazona por el que poseía el Rvdo. Don Pedro Nolasco García, que lo era en Baeza. El 27 de febrero de 1931, Don Roque pide se le dé posesión, acto que se lleva a cabo precisamente el día 28. Así se inicia la vida de Don Roque Tarazona en la Ciudad de Baeza.

Martirio

Es significativo que cuando el Párroco José Marín, que se hace cargo de Baeza, recién concluida la contienda, firma su relación de víctimas colocando en el comienzo de la lista a los sacerdotes de Baeza. Él, José Marín hace su relación el 19 de abril de 1939 (a los dieciocho días de haber concluido la guerra); y al relatar los nombres de los sacerdotes dice de ellos los apellidos y el cargo; de este solamente dice el nombre, sin apellidos, aunque si añade “Beneficiado”.

Eran solo cinco años los que llevaba Roque Tarazona en Baeza y muy probablemente el Reverendo José Marín, que sin duda no estaba antes en Baeza, no le hubiera conocido personalmente o con más detalle y solo dice de él el nombre propio y el cargo.

 

Relato único del Martirio, en la misma hora y lugar, del grupo completo (En el cortijo “Los Capones”, Ibros, el 3 de septiembre de 1936).

Situación socio-religiosa de Baeza en 1936.

Baeza está situada a 48 kms. de la capital. Por razones históricas, al restablecerse en ella la sede giennense tras la conquista por San Fernando, contó con Catedral desde 1248. Cuando la sede se traslada pocos años después a Jaén, una parte del Cabildo Catedral de Jaén -y así fue hasta 1936- tenía asignada su residencia en Baeza para atender debidamente el culto catedralicio.

La Catedral de Baeza contaba con canónigo-arcipreste, canónigo arcediano, canónigo penitenciario y tres canónigos, a los que se unían el beneficiado organista, el beneficiado sochantre, el beneficiado maestro de ceremonias, el beneficiado sacristán mayor, tres beneficiados y un capellán.

Frente a la Catedral se encontraba el Seminario Conciliar de San Felipe Neri, cuyo rector, administrador y director espiritual en las primeras décadas del siglo XX pertenecían a la congregación de Sacerdotes Operarios Diocesanos.

Las parroquias en Baeza eran tres: Santa María del Alcázar y San Andrés; San Pablo; y El Salvador.

Las casas religiosas eran: Cuatro Monasterios de clausura (femeninos) y las Hijas de la Caridad, que desde 1870 atendían el Hospital.

Las ermitas y oratorios eran abundantes. En el anejo de La Yedra, a 5 kms., había una parroquia con advocación del Santo Cristo de la Yedra, con párroco.

Por razones históricas y ambientales era una ciudad donde el componente religioso tenía una gran trascendencia.

Suprimido el Cuartel de Sementales, dependiente del Arma de Caballería, en el mes de marzo de 1936, y concentrada la Guardia Civil en Úbeda, el mismo 18 de julio, la ciudad quedó muy pronto bajo control de las milicias, que desde el primer momento iniciaron la detención, en ocasiones aparatosa y teatral, de sacerdotes.

Los templos fueron todos incautados y en su mayor parte militarizados. Un aparatoso Batallón Stalin dejaría triste recuerdo en la iglesia de Santa Cruz y en el Seminario Conciliar. Por acuerdo municipal de 18 de septiembre de 1936 se instalaron en el seminario las dependencias del Ayuntamiento, Juzgado, Correos, Telégrafos, Teléfonos, “y los demás centros o entidades de público servicio que se consideren convenientes”.

San Pablo fue sede del Sindicato de Auto-Transportes. De este panorama da cuenta también un documento que describe la situación de deterioro o profanación en que quedaron en 1939 los inmuebles religiosos.

Los sacerdotes residentes en Baeza o sus alrededores que fueron asesinados

Once sacerdotes (diez de ellos del clero secular, más otro sacerdote operario, director espiritual del seminario de Baeza, Manuel Galcerá Videllet), formando parte de una saca de treinta y un detenidos, serían asesinados el 3 de septiembre de 1936 en término de Ibros, como advertencia clara de cuál iba a ser el nuevo orden. Al grupo completo luego se le conocerá con el sobrenombre de ‘los 31’. El grupo está compuesto por los siguientes, sacerdotes, siguiendo orden por su edad:

  1. Pedro José Cejudo de la Torre (67 años) Párroco de La Yedra
  2. Juan Ángel Román Pulido (67 años) Párroco de El Sagrario y el Salvador
  3. Francisco Martínez Baeza (61 años) Canónigo Penitenciario Catedral (Baeza)
  4. Julián Ruiz Guzmán (61 años) Párroco de San Pablo
  5. José López Pérez (60 años) Párroco de San Andrés.
  6. Cipriano Herrera Caballero (62 años) Beneficiado Catedral (Baeza)
  7. Roque Tarazona García (56 años) Beneficiado Catedral (Baeza)
  8. Miguel García Lahoz (40 años) Beneficiado de la Catedral (Baeza)
  9. Antonio Molina Rascón (39 años) Párroco de Lupión
  10. José María de la Hoz Manjón (28 años) Coadjutor de San Pablo.

Con ellos va también, en todo momento de cárcel y muerte, el P. Operario Manuel Galcerá Videllet (Beatificado en Tortosa el 30 de octubre de 2021), director espiritual del seminario de Baeza.

Estos sacerdotes, fueron asesinados ‘in odium fidei’, el día 3 de septiembre de 1936, en la finca Los Capones, del término municipal de Ibros, cerca de Baeza; también habían sido detenidos todos ellos entre el 22 y 23 de julio, y llevados a la cárcel de Baeza donde trascurren sus últimos días, alrededor de unos 40 días.

Todos ellos residían en Baeza en razón de los cargos pastorales que ocupaban. Pero al grupo se añaden dos más con residencia cercana a Baeza. Uno de ellos es el mayor en edad de todo este grupo: el Siervo de Dios Pedro José Cejudo de la Torre; desde antes de 1905, era Párroco en La Parroquia del Sto. Cristo, en La Yedra. Él, cuando llegó el momento de sacarlos de la cárcel para llevarlos al martirio, porfió e insistió en salir vestido con la sotana.

Y el otro, el Siervo de Dios Antonio Molina Rascón, de 39 años, Párroco de Lupión, a 7 Km. de Baeza. También a uno y otro fueron a buscarlos a sus casas en las mismas fechas de 22/23 julio de 1936 y los encarcelaron con el resto del grupo. Cuando llegó el momento de salir hacia el martirio, los ataron de dos en dos por las manos, con alambres.

Motivos de estas muertes.

Las circunstancias de la detención, padecimientos y muerte de todos ellos son idénticas, por lo que se hace el relato de su detención, prisión y martirio de un modo común para los diez.

Estos diez sacerdotes mueren -como se ha dicho- junto a uno de los dos PP. Operarios, Manuel Galcerá Videllet. El P. Galcerá acompañó a los diez Siervos de Dios en todos los días finales, y en la misma hora de la muerte.

El móvil de la misma no fueron sus ideas políticas sino lisa y llanamente el odio y el rencor profesado hacia todo vestigio religioso, ya se tratara de cosas, templos o personas. Un testigo afirma: “Creo que fue el odio de esta gente hacia los sacerdotes; desde que entró la República en España, los sacerdotes eran objeto de persecución”. Otro de los testigos dice: “Creo que la persecución fue consecuencia del odio que se destapó en aquella ocasión contra la religión, contra la Iglesia. Y en el caso concreto de este hombre, por ser sacerdote”.

La preparación inmediata para el martirio queda reflejada en los apuntes biográficos de Don Manuel Galcerá, contenidos en el Martirologio de la Hermandad de los Operarios Diocesanos:

“El 20 de julio de 1936 fue encarcelado en la planta primera del Ayuntamiento. La cárcel estaba llena de presos de Baeza y de Ibros, entre ellos 15 sacerdotes. Durante el cautiverio vivían unidos en la oración y confortados por el sacramento de la penitencia. Desde el 20 de julio al 3 de septiembre vivieron intensa vida de oración, alentándose mutuamente para el martirio”.

La realidad de sus muertes violentas.

Las informaciones sobre el particular y los datos precisos acerca del martirio, procedentes de diversas fuentes, son claros y precisos, y nos proporcionan la certeza de este hecho, lejos de toda duda razonable. Era voz común y todo el pueblo conocía cuándo y en dónde fueron sacrificados.

He aquí el relato de la muerte de Don Manuel Galcerá y sus compañeros mártires, narrada por un testigo:

“Fue el 3 de septiembre del año 1936, de madrugada; con él salieron de la cárcel 31 personas, de los cuales 12 eran sacerdotes, el resto eran seglares, todos varones. Los hicieron subir en camiones atados de los brazos unos con otros con alambres, llevándolos al término de Ibros, a un lugar denominado “Capones” y allí los fusilaron. Todo esto lo sé porque, los verdugos solían, y así ocurrió en este caso, celebrar la muerte de estas personas brindando en un bar de la localidad, por el asesinato que habían cometido, y allí comentaban detalles de cómo había ocurrido, con lo cual llegaba a conocimiento de todo el mundo”.

Su actitud ante el martirio.

En el Martirologio de la Hermandad de Operarios Diocesanos se  nos relata la muerte de los 31 mártires de esta manera:

“En la madrugada del 3 de septiembre de 1936, treinta y uno de los presos – 12 de ellos sacerdotes, entre los que se encontraba Don Manuel Galcerá Videllet – fueron atados y conducidos por una carretera secundaria a un lugar muy apartado, llamado Capones, a unos 9 kms. de Baeza en el término municipal de Ibros. Allí fueron asesinados por un pelotón de milicianos ‘los 31’ y el Canónigo Penitenciario Don Francisco Martínez Baeza absolvió a todos antes de que los mataran”.

El Canónigo Chantre de la Catedral de Jaén, D. Eleuterio Villén Navas, escribió en los años inmediatos a los hechos:

“Según declaraciones del Jefe de la Prisión, Sr. Pavón, durante los 41 días que estuvo en la cárcel [Francisco Martínez Baeza] fue un verdadero Apóstol (dando limosnas y rezando con los presos por lo que fue varias veces duramente castigado), alentando a todos los presos.

En la madrugada de su asesinato, que fue el día 2 de Septiembre del 36, cuando fue avisado por otro compañero (el Párroco de S. Pablo de Baeza) [Julián Ruiz Guzmán] de que iban a ser asesinados, contestó con gran serenidad: “Demos gracias a Dios porque dentro de unos momentos vamos a estar gozando de su presencia”; se reconcilió y reconcilió a los que iban a ser asesinados, entre los que había unos 13 sacerdotes

Al salir de la prisión dio la bendición a todos los presos con un ‘viva Cristo Rey’. Durante el trayecto fue alentando a todos; hablándoles de la muerte y de la dicha que tenían de morir por Cristo; en los momentos del asesinato pidió que le dejasen el último para ayudar a bien morir a los demás.

Terminada esta misión, al llegarle el turno a él se arrodilló diciendo: “¡Señor, perdóname a mí y perdónalos a ellos, que no saben lo que se hacen!”. Estas palabras conmovieron a los que le iban a fusilar, y entonces les dijo: “Tirad ya y no os asustéis, vosotros no sois los responsables sino los que os mandan. ¡Quiero seguir el camino de mis compañeros y no quiero privarme de esta dicha!”.

La sepultura y la traslación

Afirma un testigo: “Los asesinaron el tres de septiembre de 1936 cerca del pueblo de Ibros, en un lugar llamado Capones. Debieron enterrarlos enseguida en una fosa común del cementerio de Ibros. A los tres años fueron trasladados a la capilla dorada de la catedral de Baeza, donde reposan actualmente; yo, asistí al traslado”.

Don León Suárez Palomares, natural de Ibros, que ha estudiado el tema en profundidad, se expresa de esta manera:

“Los cadáveres fueron enterrados en el Cementerio de Ibros en una gran zanja común. En 1939 fueron exhumados y llevados procesionalmente a la catedral de Baeza. A este respecto quiero dar mi testimonio personal. Tenía yo 9 años cuando asistí al traslado de los restos”.

Y en el Martirologio de la Hermandad, Don Antonio Torres, recogiendo sin duda las informaciones más o menos conocidas por la gente, dice:

“En la madrugada del 3 de septiembre de 1936, 31 de los presos, fueron conducidos a un lugar muy apartado llamado Capones. Allí fueron asesinados. Fueron enterrados en una fosa común del cementerio de Ibros. El año 1939 fueron exhumados los restos mortales de los 31, como se denomina en Baeza a estos mártires, y llevados procesionalmente a la catedral de Baeza. En el lugar del martirio se levanta una gran cruz de piedra, en memoria de los 31”.

La fama de martirio.

Los testigos dan fe con las siguientes afirmaciones:

“Al comentarse la muerte de tantos sacerdotes y religiosos como aparecen en las lápidas de la catedral de Jaén, la opinión general era que habían muerto por Dios, como mártires”.

”…en aquel entonces se habló de martirio al referirse a la muerte de estas personas”.

“La gente los consideró martirizados, doliéndose de la muerte que habían sufrido estas personas, que no habían hecho nada delictivo, al contrario”.

La Capilla Dorada de la Catedral de Baeza y la CRUZ, en el lugar de la muerte.

Los nombres de estos mártires, están recogidos en la Capilla Dorada de la Catedral de Baeza; se ha hecho más arriba referencia al traslado de sus restos a este lugar. Por otra parte, en el lugar donde fueron martirizados hay una Cruz erigida como recuerdo y memorial de su vida entregada.

De todos no se pudieron encontrar restos.

Por otra parte, en otro lugar y distintas fechas murieron otros tres sacerdotes de Baeza, aunque en otro grupo distinto; los tres son sacerdotes diocesanos residentes en Baeza, y también otro padre operario más, del seminario de Baeza:

Vicente Catena Vilchez, Manuel Blanco Mesa, Ángel López Salazar, Aquilino Pastor, (Operario Diocesano, beatificado en Tortosa el 30 de octubre de 2021)

ORACIÓN

Señor, concédenos ser siempre, como Roque, testigos valientes de tu Evangelio y entregar cada día nuestra vida en servicio a nuestros hermanos. Amén.