ISABEL MARÍA ARANDA SÁNCHEZ
Cuando ingresó en el monasterio de las MM. Clarisas, en Martos, Isabel María tenía solamente 14 años. Había nacido en Hinojosa del Duque (Córdoba) el día 12 de julio de 1889. Eran sus padres Pedro Aranda Conde y Rafaela Sánchez Rodríguez, naturales de la misma localidad.
Tras el postulantado y el noviciado, la primera profesión tuvo lugar el 4 de octubre de 1905, a los 16 años. Aunque su intención al venir al monasterio era la de ser hermana de coro, viendo sus pocas cualidades para el canto y pensando que podría ello ser un obstáculo para ser admitida en el convento, pidió hacerlo como hermana lega, pues entonces existía la posibilidad de esa doble forma de pertenencia a la comunidad.
Apenas realizada la profesión temporal cayó enferma. Ella misma narra su enfermedad, e indica que “el 9 de diciembre de 1911 ya llevaba seis años enferma”. Se recuperó gracias a su voluntad y fortaleza espiritual.
Sor Isabel debía tener gran devoción y veneración por la madre Teresa Romero, monja del Monasterio de las Concepcionistas de Hinojosa desde 1879.
En junio de 1936 fue elegida abadesa. Llegada la Guerra Civil, nuestra madre no quiso abandonar a sus religiosas y renunció a marcharse con su familia. Se internó en una casa cercana al convento, llamada Casa de las Ánimas, perteneciente al Patronato de Ntro. Padre Jesús. Allí permaneció acompañando a la anciana Madre Josefa de San Diego Contreras y Escobedo, hasta el día de su martirio.
DATOS DE INTERÉS
Estado
Religiosa
Edad
47 años
Nacimiento
Hinojosa del Duque (Córdoba), el 13 de mayo de 1889
Ingreso en el monasterio
el 8 de diciembre de 1903
Ministerios
Abadesa del monasterio: Junio de 1936
Muerte
Las Casillas de Martos, el 13 de enero de 1937
RESEÑA
MARTIRIO
El 12 de enero de 1937, tas un bombardeo nacionalista, los milicianos la detuvieron en una saca de represalias. Después de una corta estancia en prisión la llevaron por la noche con medio centenar de personas al cementerio anejo de Las Casillas. Apartada del grupo con otras religiosas, fue arrastrada por el campo atada a una bestia y obligada a comer estiércol. Fue maltratada y ultrajada violentamente con las culatas de los fusiles. Le rompieron una pierna. Finalmente la dieron por muerta, pero no murió. Tenía que dar mayor testimonio de su fidelidad al Señor, y, en un esfuerzo incomprensible humanamente, arrastrándose como pudo, logró asirse de la verja del cementerio cuando quisieron hacerla entrar, negándose a ello. Varios disparos acabaron con su resistencia. La mano con que se había asido a la verja del cementerio no la pudieron desprender, lo que les dio a sus ejecutores ocasión para cortarle el brazo.
El trozo del antebrazo, algunos dedos, el cordón franciscano de la cintura, con la corona franciscana y el crucifijo, se encuentran, desde 1989, en una urna de cristal en el Monasterio de Santa Clara de Jaén.
ORACIÓN
Señor, concédenos ser siempre, como Isabel María, testigos valientes de tu Evangelio y entregar cada día nuestra vida en servicio a nuestros hermanos. Amén.
