JUAN BARAT BARBERÁN
Juan nació en Arjona en el seno de una familia acomodada.
Estudió en el Seminario de Baeza y después en el de Jaén. Cuando solicitó la Tonsura, Grados y Subdiaconado, en febrero de 1900, dijo que estudiaba el quinto de Teología; y al solicitar el Presbiterado, en noviembre de 1901, no hacía referencia a los estudios que estaba cursando, quizá porque ya los había concluido. Para obtener el Presbiterado tuvo que obtener varias dispensas.
Fue destinado como Coadjutor en la parroquia de San Juan Bautista de Arjona, donde permanecerá hasta su muerte en 1936; era también encargado de las ermitas de San Blas y de San Diego, enclavadas en los dos barrios que llevan su nombre. Allí fue igualmente confesor de las Hermanas de la Cruz.
Según quienes dan testimonio de él, era un sacerdote bueno y bondadoso, que no hizo en su vida más que rezar y hacer el bien a sus semejantes.
DATOS DE INTERÉS
Estado
Sacerdote
Edad
57 años
Nacimiento
Arjona, el 16 de mayo de 1878
Ordenación presbiteral
en diciembre de 1901
Ministerios
Coadjutor de la parroquia de San Juan Bautista de Arjona (al menos desde 1905 a 1936).
Muerte
Paseo Nuevo, en Arjona, el 1 de septiembre de 1936
RESEÑA
MARTIRIO
Su defunción fue inscrita al día siguiente ante el Juez municipal suplente y el Secretario suplente, haciendo constar que murió a consecuencia de heridas con destrucción de masa cerebral, según resulta de la autopsia y del reconocimiento practicado.
Nada más iniciarse la contienda, ocurrieron en Arjona las primeras muertes a manos de soldados republicanos. Ante las preguntas de los soldados y la respuesta dada por algún vecino, sacaron a Juan Barat de su casa, lo trasladaron hasta el Paseo Nuevo, donde le dieron muerte, por disparos de arma de fuego, a las 14 horas del 1 de septiembre de 1936.
Serían sobre las 11 de la mañana, cuando un grupo de milicianos cortaron el tránsito de la calle donde vivía; forzaron la puerta, encontraron a Juan rezando el Breviario, y lo maniataron. Una vez en la calle, al ver que el camino que le obligaban a seguir no era el de la cárcel, se hincó de rodillas y con voz apagada dijo: “Aquí mismo”. Le obligaron a culatazos a ponerse de pie y siguió caminando. De nuevo Juan se hincó de rodillas y agarrado a una ventana pidió que lo mataran allí mismo. Otra vez le obligaron a ponerse de pie y seguir.
Nadie sabe lo que le harían sufrir en el poco más de un kilómetro que recorrió. Lo escarnecieron de nuevo y al llegar al final de la calle Duque de la Torre, otra vez se hincó de rodillas, y dijo a sus asesinos: “Si vais a matarme hacedlo aquí mismo”. Otra vez le obligaron a levantarse y le dijeron: “Más adelante”. Así continuaron hasta llegar al final del Paseo Nuevo, y sobre la cuneta de la parte izquierda le dispararon sin compasión, cayendo abatido a balazos.
Algún testigo aseguró que, mientras bajaba la calle, iba haciendo el viacrucis.
Los datos de la detención y muerte fueron confirmados por la declaración de su hermano, en 1941.
ORACIÓN
Señor, concédenos ser siempre, como Juan, testigos valientes de tu Evangelio y entregar cada día nuestra vida en servicio a nuestros hermanos. Amén.