JULIÁN CASTILLA CASADO
Julián nació en Marmolejo, el 3 de mayo de 1870, en el seno de una familia toda ella natural de la localidad.
No hay constancia de sus estudios, aunque en las diversas ordenaciones sí se encuentra entre los ordenandos seminaristas de Jaén. Al mencionar los cargos de profesor del Seminario, se dice que era licenciado.
El sábado anterior a Domínica de Pasión de 1898, recibió el Presbiterado, en la Iglesia de la Merced de jaén, de manos del Obispo Guisasola y Menéndez.
No hay constancia documental sobre los cargos que se le encomendaron tras ser ordenado sacerdote, o si continuó de Profesor del Seminario de Baeza, donde ya estaba en 1896 y 1897, y donde nuevamente aparece en 1905, como secretario de Estudios y profesor de Geografía, además de Capellán de las Carmelitas Descalzas de Baeza.
Siguiendo las normas concordadas entre España y la Santa Sede en aquellas fechas, las parroquias se obtenían mediante concurso oposición a curatos vacantes. Julián Casado obtuvo la parroquia de San Martín de Arjona, en mayo de 1906, donde permanecería hasta renunciar por su delicado estado de salud, tras lo cual volvería a su localidad natal de Marmolejo. En Arjona fue también Confesor de las Hermanas de la Cruz.
En Marmolejo, colaboraba en la parroquia y en los anejos de la sierra y de la central eléctrica, así como en el Asilo de San Juan de Dios.
DATOS DE INTERÉS
Estado
Sacerdote
Edad
66 años
Nacimiento
Marmolejo, el 3 de mayo de 1870
Ordenación presbiteral
Sábado antes de Pasión de 1898
Ministerios
Profesor del Seminario de Baeza (1905), Capellán de las Car-melitas Descalzas de Baeza (1905)., Párroco de San Martín de Arjona (1906), Confesor de las Hermanas de la Cruz de Arjona (1918)
Muerte
En su domicilio de Marmolejo, el 29 de octubre de 1936
RESEÑA
MARTIRIO
Julián fue encarcelado, junto con el Párroco Aranda, sacándolo para que trabajase en las obras de destrucción del templo, así como en obras sociales. Según testigos, recibió varias pali-zas por el mero hecho de ser sacerdote y mientras le pegaban le preguntaban si iba a seguir diciendo misa a lo que él respondía: “Mientras tenga vida, sí. No pierdo la esperanza”. Después de la última paliza que recibió, lo arrojaron a la alberca que había en la huerta del mercado de abastos. De allí lo recogieron moribundo para trasladarlo a su casa donde murió a consecuencia de la brutal paliza, el 29 de octubre de 1936. Comentaban que llevaba las tiras de la piel pegadas a la camisa. El único pariente que acudió a su entierro fue su sobrino Juan Cerezo.
ORACIÓN
Señor, concédenos ser siempre, como Julián, testigos valientes de tu Evangelio y entregar cada día nuestra vida en servicio a nuestros hermanos. Amén.