Pedro José Cejudo de la Torre

Pedro José Nació en Baeza, el día 5 de abril de 1869, y fue bautizado el mismo día en la parroquia de Santa María del Alcázar y San Andrés de la localidad. Su familia era de condi-ción humilde. Fue declarado excluido del servicio militar por “inútil total”.

Estudió en los Seminarios de Baeza y Jaén. Algunos cursos los realizó como alumno externo. Los testigos dicen de él que era bueno y de intachable fama y conducta. Era pobre, sin más medios para la subsistencia que el trabajo de su anciano padre.

Recibió la ordenación sacerdotal en mayo del año 1892. Al poco tiempo de recibir el Presbiterado tomó parte en la opo-sición a Curatos y obtuvo la parroquia del Santísimo Cristo de La Yedra en 1894. Vivió en el mismo Santuario.

Aún en medio de las dificultades con que se encontró, no de-jaba de anunciar el Evangelio sin temor a las represalias. Atendía con esmero su parroquia. Quienes los conocieron recordaban cómo preparaba el Monumento del Jueves Santo y el Vía Crucis del Viernes Santo.

Atendía diligentemente a los hortelanos del lugar y a los más pobres.

DATOS DE INTERÉS

Estado

Sacerdote

Edad

67 años

Nacimiento

Baeza, el 5 de abril de 1869.

Ordenación presbiteral

Mayo de 1892.

Muerte

Finca “Los Capones”, en Ibros, el 3 de septiembre de 1936.

RESEÑA

MARTIRIO

Fue detenido en el anejo de La Yedra, el 23 de julio de 1936, siendo conducido a la cárcel de Baeza, donde convivió con otros muchos presos, sacerdotes y seglares.

La represión en Baeza en esos días fue muy dura y pretendía que sirviera de advertencia sobre cuál iba a ser el nuevo or-den social. Por eso dieron muerte a un gran grupo a la vez. Los sacaron de la cárcel atados de dos en dos con alambres.

D. Pedro quiso salir de la cárcel con la sotana puesta. Él y sus compañeros fueron asesinados el día 3 de septiembre de 1936, en la finca “Los Capones”, del término municipal de Ibros, cerca de Baeza. Murió de rodillas y perdonando a sus verdugos. Era el de mayor edad del grupo. Él, como los de-más asesinados, recibieron la absolución antes de morir de manos del penitenciario de la Catedral, que fue el último en morir.

BIOGRAFÍA AMPLIADA

Nacimiento y Sacramentos de iniciación

Pedro José de la Torre nació en Baeza el día 5 de abril de 1869, según se indica en la partida de Bautismo archivada en la Parroquia de Santa María del Alcázar y San Andrés de Baeza. En el Bautismo se impone al neófito el nombre de Pedro José. Sus padres Manuel Cejudo Jurado y Antonia de la Torre Chiclana. Abuelos paternos Luis Cejudo y María Magdalena Jurado. Y abuelos maternos Pedro de la Torre e Isabel Chiclana. Todos son de Baeza, salvo la abuela paterna que resulta ilegible el lugar de su nacimiento. El bautismo fue el mismo día 5 de abril de 1869 y lo bautizó el Reverendo Juan Romero, Coadjutor.

No hay en la partida bautismal ninguna nota marginal pero nos consta tanto de la Confirmación como de las sucesivas Órdenes que recibió el Siervo de Dios.

De la Confirmación consta por el expediente de Órdenes para Tonsura, Grados y Subdiácono (1891), al que también se añade copia de la partida de Bautismo. El Cura Ecónomo de Santa María del Alcázar y San Andrés, de Baeza, Cristóbal Robles Fernández, el día 22 de enero de 1891 emitió copias tanto del acta del Bautismo como de la de Confirmación.

Dice que la Confirmación la recibió el día 2 de junio de 1878; administró la Confirmación el Obispo de Jaén, Manuel María González Sánchez en visita pastoral en Baeza, a la Parroquia de Santa María del Alcázar y San Andrés.

Estudios en el Seminario y juventud

A partir del expediente de Órdenes podemos hacer una aproximación a los datos de sus estudios, al menos en los últimos cursos en el Seminario.

El día 17 de abril de 1891 solicita al Obispo de Jaén admitirle a la Tonsura y a los cuatro Órdenes Menores y el Subdiaconado. Dice que es natural y vecino de Baeza; y en la misma ciudad firma la solicitud, a los 22 años de edad, cursante el quinto año de Sagrada Teología “en calidad de alumno externo cuya gracia le fue concedida”.

Hay un informe del Párroco de Santa María del Alcázar y San Andrés, de Baeza que dice:

“….mi feligrés Pedro José Cejudo hijo legítimo de Manuel y Antonia Torres…cursante el quinto año de Sagrada Teología observa la más intachable conducta y viene manifestando en todos sus actos una y muy verdadera y decidida vocación al estado eclesiástico…”

Los testigos que declaran ante el Cura Ecónomo de la Parroquia de Santa María del Alcázar, en Baeza, hacen referencia a que le conocen desde que “este era niño y que hoy contará con unos 23 años”. Otro de ellos, que también lo conoce desde muy niño, dice que el solicitante, sus padres y abuelos “son y han sido personas honradas, buenos cristianos […], de notoria buena fama”.

La situación familiar era de pobreza; así lo refieren varios de los testigos en el expediente para recibir Tonsura, Menores y Subdiácono: “En atención a que sus padres son pobres trata de ordenarse por gracia especial y no por congrua ni capellanía familiar”, afirman los testigos.

El día 17 de abril de 1891, el Secretario de la Diputación Provincial de Jaén expidió certificado en que indica la situación de excluido por declaración de inútil total a efectos de reclutamiento.

Órdenes Sagradas

Recibió la Tonsura, Menores y Subdiaconado en las Témporas de Pentecostés de 1891.

Para estas Órdenes, en su expediente, se dice:

… “Suplica a S.E.I. se digne admitirle en las próximas Órdenes (con protesta de que venga la dispensa del Título) a fin de poder recibir la prima clerical Tonsura, las cuatro Órdenes Menores y el Sagrado Orden del Subdiaconado…”

Como documento final del expediente el Párroco de Santa María del Alcázar, el 17 de mayo de 1891 escribe al Obispo:

“El pretendiente Don Pedro José Cejudo de la Torre me es persona muy conocida y no tengo inconveniente en declarar que sus buenas y escogidas creencias, sus religiosas costumbres, su trato con personas también religiosas y la singular compostura y moderación que manifiesta en todos sus actos son notas características y distintivas de su decidida vocación por el estado eclesiástico…”

De las Órdenes de Diácono y Presbítero da referencia el BOOJ, recibidas en marzo y mayo, respectivamente del año 1892.

Destinos parroquiales.

Al poco tiempo de recibir el Presbiterado toma parte en la oposición a Curatos y en las propuestas hechas por el Obispo y firmadas por el Rey, obtiene la Parroquia del Santísimo Cristo, de La Yedra en 1894.

Vivía en el mismo Santuario de la Yedra y recuerdan como vivía la Semana Santa, especialmente el Jueves Santo en el que preparaba con esmero el Monumento para el Santísimo, y el Vía crucis del Viernes Santo.

Se ocupaba con caridad de la gente del pueblo atendiendo diligentemente a los hortelanos del lugar.  Esto hacía que tuviera fama extendida de su caridad.

Detención y martirio.

El día 10 de noviembre de 1941 una sobrina declara que “su tío Pedro José Cejudo de la Torre, Presbítero, de 70 años, con domicilio en Baeza fue detenido por las milicias rojas, en el anejo de La Yedra, el 23 de julio de 1936, siendo conducido a la cárcel de Baeza. Su cadáver fue hallado en el término de Ibros”.

Un testigo afirma que “sabiendo cual era su destino, quiso salir vestido con su sotana.  Murió de rodillas y perdonando a sus verdugos, después de recibir la bendición y la absolución”.

Relato único del Martirio, en la misma hora y lugar, del grupo completo (En el cortijo “Los Capones”, Ibros, el 3 de septiembre de 1936).

Situación socio-religiosa de Baeza en 1936.

Baeza está situada a 48 kms. de la capital. Por razones históricas, al restablecerse en ella la sede giennense tras la conquista por San Fernando, contó con Catedral desde 1248. Cuando la sede se traslada pocos años después a Jaén, una parte del Cabildo Catedral de Jaén -y así fue hasta 1936- tenía asignada su residencia en Baeza para atender debidamente el culto catedralicio.

La Catedral de Baeza contaba con canónigo-arcipreste, canónigo arcediano, canónigo penitenciario y tres canónigos, a los que se unían el beneficiado organista, el beneficiado sochantre, el beneficiado maestro de ceremonias, el beneficiado sacristán mayor, tres beneficiados y un capellán.

Frente a la Catedral se encontraba el Seminario Conciliar de San Felipe Neri, cuyo rector, administrador y director espiritual en las primeras décadas del siglo XX pertenecían a la congregación de Sacerdotes Operarios Diocesanos.

Las parroquias en Baeza eran tres: Santa María del Alcázar y San Andrés; San Pablo; y El Salvador.

Las casas religiosas eran: Cuatro Monasterios de clausura (femeninos) y las Hijas de la Caridad, que desde 1870 atendían el Hospital.

Las ermitas y oratorios eran abundantes. En el anejo de La Yedra, a 5 kms., había una parroquia con advocación del Santo Cristo de la Yedra, con párroco.

Por razones históricas y ambientales era una ciudad donde el componente religioso tenía una gran trascendencia.

Suprimido el Cuartel de Sementales, dependiente del Arma de Caballería, en el mes de marzo de 1936, y concentrada la Guardia Civil en Úbeda, el mismo 18 de julio, la ciudad quedó muy pronto bajo control de las milicias, que desde el primer momento iniciaron la detención, en ocasiones aparatosa y teatral, de sacerdotes.

Los templos fueron todos incautados y en su mayor parte militarizados. Un aparatoso Batallón Stalin dejaría triste recuerdo en la iglesia de Santa Cruz y en el Seminario Conciliar. Por acuerdo municipal de 18 de septiembre de 1936 se instalaron en el seminario las dependencias del Ayuntamiento, Juzgado, Correos, Telégrafos, Teléfonos, “y los demás centros o entidades de público servicio que se consideren convenientes”.

San Pablo fue sede del Sindicato de Auto-Transportes. De este panorama da cuenta también un documento que describe la situación de deterioro o profanación en que quedaron en 1939 los inmuebles religiosos.

Los sacerdotes residentes en Baeza o sus alrededores que fueron asesinados

Once sacerdotes (diez de ellos del clero secular, más otro sacerdote operario, director espiritual del seminario de Baeza, Manuel Galcerá Videllet), formando parte de una saca de treinta y un detenidos, serían asesinados el 3 de septiembre de 1936 en término de Ibros, como advertencia clara de cuál iba a ser el nuevo orden. Al grupo completo luego se le conocerá con el sobrenombre de ‘los 31’. El grupo está compuesto por los siguientes, sacerdotes, siguiendo orden por su edad:

  1. Pedro José Cejudo de la Torre (67 años) Párroco de La Yedra
  2. Juan Ángel Román Pulido (67 años) Párroco de El Sagrario y el Salvador
  3. Francisco Martínez Baeza (61 años) Canónigo Penitenciario Catedral (Baeza)
  4. Julián Ruiz Guzmán (61 años) Párroco de San Pablo
  5. José López Pérez (60 años) Párroco de San Andrés.
  6. Cipriano Herrera Caballero (62 años) Beneficiado Catedral (Baeza)
  7. Roque Tarazona García (56 años) Beneficiado Catedral (Baeza)
  8. Miguel García Lahoz (40 años) Beneficiado de la Catedral (Baeza)
  9. Antonio Molina Rascón (39 años) Párroco de Lupión
  10. José María de la Hoz Manjón (28 años) Coadjutor de San Pablo.

Con ellos va también, en todo momento de cárcel y muerte, el P. Operario Manuel Galcerá Videllet (Beatificado en Tortosa el 30 de octubre de 2021), director espiritual del seminario de Baeza.

Estos sacerdotes, fueron asesinados ‘in odium fidei’, el día 3 de septiembre de 1936, en la finca Los Capones, del término municipal de Ibros, cerca de Baeza; también habían sido detenidos todos ellos entre el 22 y 23 de julio, y llevados a la cárcel de Baeza donde trascurren sus últimos días, alrededor de unos 40 días.

Todos ellos residían en Baeza en razón de los cargos pastorales que ocupaban. Pero al grupo se añaden dos más con residencia cercana a Baeza. Uno de ellos es el mayor en edad de todo este grupo: el Siervo de Dios Pedro José Cejudo de la Torre; desde antes de 1905, era Párroco en La Parroquia del Sto. Cristo, en La Yedra. Él, cuando llegó el momento de sacarlos de la cárcel para llevarlos al martirio, porfió e insistió en salir vestido con la sotana.

Y el otro, el Siervo de Dios Antonio Molina Rascón, de 39 años, Párroco de Lupión, a 7 Km. de Baeza. También a uno y otro fueron a buscarlos a sus casas en las mismas fechas de 22/23 julio de 1936 y los encarcelaron con el resto del grupo. Cuando llegó el momento de salir hacia el martirio, los ataron de dos en dos por las manos, con alambres.

Motivos de estas muertes.

Las circunstancias de la detención, padecimientos y muerte de todos ellos son idénticas, por lo que se hace el relato de su detención, prisión y martirio de un modo común para los diez.

Estos diez sacerdotes mueren -como se ha dicho- junto a uno de los dos PP. Operarios, Manuel Galcerá Videllet. El P. Galcerá acompañó a los diez Siervos de Dios en todos los días finales, y en la misma hora de la muerte.

El móvil de la misma no fueron sus ideas políticas sino lisa y llanamente el odio y el rencor profesado hacia todo vestigio religioso, ya se tratara de cosas, templos o personas. Un testigo afirma: “Creo que fue el odio de esta gente hacia los sacerdotes; desde que entró la República en España, los sacerdotes eran objeto de persecución”. Otro de los testigos dice: “Creo que la persecución fue consecuencia del odio que se destapó en aquella ocasión contra la religión, contra la Iglesia. Y en el caso concreto de este hombre, por ser sacerdote”.

La preparación inmediata para el martirio queda reflejada en los apuntes biográficos de Don Manuel Galcerá, contenidos en el Martirologio de la Hermandad de los Operarios Diocesanos:

“El 20 de julio de 1936 fue encarcelado en la planta primera del Ayuntamiento. La cárcel estaba llena de presos de Baeza y de Ibros, entre ellos 15 sacerdotes. Durante el cautiverio vivían unidos en la oración y confortados por el sacramento de la penitencia. Desde el 20 de julio al 3 de septiembre vivieron intensa vida de oración, alentándose mutuamente para el martirio”.

La realidad de sus muertes violentas.

Las informaciones sobre el particular y los datos precisos acerca del martirio, procedentes de diversas fuentes, son claros y precisos, y nos proporcionan la certeza de este hecho, lejos de toda duda razonable. Era voz común y todo el pueblo conocía cuándo y en dónde fueron sacrificados.

He aquí el relato de la muerte de Don Manuel Galcerá y sus compañeros mártires, narrada por un testigo:

“Fue el 3 de septiembre del año 1936, de madrugada; con él salieron de la cárcel 31 personas, de los cuales 12 eran sacerdotes, el resto eran seglares, todos varones. Los hicieron subir en camiones atados de los brazos unos con otros con alambres, llevándolos al término de Ibros, a un lugar denominado “Capones” y allí los fusilaron. Todo esto lo sé porque, los verdugos solían, y así ocurrió en este caso, celebrar la muerte de estas personas brindando en un bar de la localidad, por el asesinato que habían cometido, y allí comentaban detalles de cómo había ocurrido, con lo cual llegaba a conocimiento de todo el mundo”.

Su actitud ante el martirio.

En el Martirologio de la Hermandad de Operarios Diocesanos se  nos relata la muerte de los 31 mártires de esta manera:

“En la madrugada del 3 de septiembre de 1936, treinta y uno de los presos – 12 de ellos sacerdotes, entre los que se encontraba Don Manuel Galcerá Videllet – fueron atados y conducidos por una carretera secundaria a un lugar muy apartado, llamado Capones, a unos 9 kms. de Baeza en el término municipal de Ibros. Allí fueron asesinados por un pelotón de milicianos ‘los 31’ y el Canónigo Penitenciario Don Francisco Martínez Baeza absolvió a todos antes de que los mataran”.

El Canónigo Chantre de la Catedral de Jaén, D. Eleuterio Villén Navas, escribió en los años inmediatos a los hechos:

“Según declaraciones del Jefe de la Prisión, Sr. Pavón, durante los 41 días que estuvo en la cárcel [Francisco Martínez Baeza] fue un verdadero Apóstol (dando limosnas y rezando con los presos por lo que fue varias veces duramente castigado), alentando a todos los presos.

En la madrugada de su asesinato, que fue el día 2 de Septiembre del 36, cuando fue avisado por otro compañero (el Párroco de S. Pablo de Baeza) [Julián Ruiz Guzmán] de que iban a ser asesinados, contestó con gran serenidad: “Demos gracias a Dios porque dentro de unos momentos vamos a estar gozando de su presencia”; se reconcilió y reconcilió a los que iban a ser asesinados, entre los que había unos 13 sacerdotes

Al salir de la prisión dio la bendición a todos los presos con un ‘viva Cristo Rey’. Durante el trayecto fue alentando a todos; hablándoles de la muerte y de la dicha que tenían de morir por Cristo; en los momentos del asesinato pidió que le dejasen el último para ayudar a bien morir a los demás.

Terminada esta misión, al llegarle el turno a él se arrodilló diciendo: “¡Señor, perdóname a mí y perdónalos a ellos, que no saben lo que se hacen!”. Estas palabras conmovieron a los que le iban a fusilar, y entonces les dijo: “Tirad ya y no os asustéis, vosotros no sois los responsables sino los que os mandan. ¡Quiero seguir el camino de mis compañeros y no quiero privarme de esta dicha!”.

La sepultura y la traslación

Afirma un testigo: “Los asesinaron el tres de septiembre de 1936 cerca del pueblo de Ibros, en un lugar llamado Capones. Debieron enterrarlos enseguida en una fosa común del cementerio de Ibros. A los tres años fueron trasladados a la capilla dorada de la catedral de Baeza, donde reposan actualmente; yo, asistí al traslado”.

Don León Suárez Palomares, natural de Ibros, que ha estudiado el tema en profundidad, se expresa de esta manera:

“Los cadáveres fueron enterrados en el Cementerio de Ibros en una gran zanja común. En 1939 fueron exhumados y llevados procesionalmente a la catedral de Baeza. A este respecto quiero dar mi testimonio personal. Tenía yo 9 años cuando asistí al traslado de los restos”.

Y en el Martirologio de la Hermandad, Don Antonio Torres, recogiendo sin duda las informaciones más o menos conocidas por la gente, dice:

“En la madrugada del 3 de septiembre de 1936, 31 de los presos, fueron conducidos a un lugar muy apartado llamado Capones. Allí fueron asesinados. Fueron enterrados en una fosa común del cementerio de Ibros. El año 1939 fueron exhumados los restos mortales de los 31, como se denomina en Baeza a estos mártires, y llevados procesionalmente a la catedral de Baeza. En el lugar del martirio se levanta una gran cruz de piedra, en memoria de los 31”.

La fama de martirio.

Los testigos dan fe con las siguientes afirmaciones:

“Al comentarse la muerte de tantos sacerdotes y religiosos como aparecen en las lápidas de la catedral de Jaén, la opinión general era que habían muerto por Dios, como mártires”.

”…en aquel entonces se habló de martirio al referirse a la muerte de estas personas”.

“La gente los consideró martirizados, doliéndose de la muerte que habían sufrido estas personas, que no habían hecho nada delictivo, al contrario”.

La Capilla Dorada de la Catedral de Baeza y la CRUZ, en el lugar de la muerte.

Los nombres de estos mártires, están recogidos en la Capilla Dorada de la Catedral de Baeza; se ha hecho más arriba referencia al traslado de sus restos a este lugar. Por otra parte, en el lugar donde fueron martirizados hay una Cruz erigida como recuerdo y memorial de su vida entregada.

De todos no se pudieron encontrar restos.

Por otra parte, en otro lugar y distintas fechas murieron otros tres sacerdotes de Baeza, aunque en otro grupo distinto; los tres son sacerdotes diocesanos residentes en Baeza, y también otro padre operario más, del seminario de Baeza:

Vicente Catena Vilchez, Manuel Blanco Mesa, Ángel López Salazar, Aquilino Pastor, (Operario Diocesano, beatificado en Tortosa el 30 de octubre de 2021)

ORACIÓN

Señor, concédenos ser siempre, como Pedro José, testigos valientes de tu Evangelio y entregar cada día nuestra vida en servicio a nuestros hermanos. Amén.