JOSÉ HERRERA CANO
José nació en Jódar. Su padre era zapatero. Lo bautizó el Miguel Cano, que su tío. Era el segundo de nueve hermanos. Los estudios que hizo en el Seminario de Jaén, se complementaron durante varios años en Roma. El 15 de marzo de 1919, en la Capilla del Seminario, recibió el presbiterado de manos de Fray Plácido Rey Lemos. Eligió como lema de su sacerdocio las palabras de David: “¿Quién soy yo, mi dueño y Señor, y quién la casa de mi padre, para que me hayas llevado hasta tal punto?” (2Sam 7,18). El 19 de marzo de 1919 celebró la Primera Misa en la parroquia de la Asunción de Jódar. En septiembre de 1919 fue nombrado Regente de Carboneros, aunque según testimonio familiar, antes de ello tuvo tarea pastoral en Mengíbar. Sin embargo, es en 1921 cuando obtiene, en el concurso de curatos vacantes, la parroquia de San Pedro de Mengíbar. A Villacarrillo, como Párroco, llegó José en 1925. Allí permanecerá hasta su martirio.
De su estancia en Villacarrillo debemos destacar su acción caritativa. En una época de penuria en el pueblo organizó él solo en su despacho parroquial un comedor para los obreros sin trabajo donde comían unos 250 diariamente.
DATOS DE INTERÉS
Estado
Sacerdote
Edad
40 años
Nacimiento
Jódar, 21 de julio de 1896
Ordenación presbiteral
15 de marzo de 1919
Ministerios
Regente de la parroquia de la Inmaculada Concepción de Carboneros, Párroco de la parroquia de Santa María Magdalena de Mengíbar, Párroco de Nuestra Señora de la Asunción de Villacarrillo
Muerte
Cementerio de Mancha Real, 3 de abril de 1937
RESEÑA
MARTIRIO
Desde la detención, a pocas fechas de 18 de julio de 1936, hasta la fecha de su muerte, José estuvo en la prisión provincial. En ella había una pequeña zona llamada “Villa Cisneros” con el grupo de sacerdotes que atendían a los ya condenados a muerte. De ella fue llevado el 30 de enero de 1937 para el juicio oral; y a ella volvió hasta el día de su muerte. En la noche del 3 al 4 de abril, un camión recogió a algunos presos en “Villa Cisneros”, subió a la Catedral y recogió a los demás –entre ellos a cuatro sacerdotes– que iban a morir en esa noche en el cementerio de Mancha Real. En cuanto a sus restos, un testimonio familiar indica que fueron a recoger su cuerpo al cementerio, donde habían sido fusilados, pero les fue imposible, al estar todos los cuerpos atados con alambres unos a otros y muy desfigurados por los tiros, de manera que no pudieron llevarse el cadáver, siendo trasladados a la cripta de la Catedral de Jaén.
Desde la cárcel, José escribió a sus hermanos dos cartas en las que parece hablar en clave sobre su destino. Están escritas 14 y 4 días antes de su muerte: “Nada en concreto se sabe todavía sobre la marcha, aunque estas cosas vienen de repente”. “De lo demás nada se sabe hasta que venga el amigo”.
ORACIÓN
Señor, concédenos ser siempre, como José, testigos valientes de tu Evangelio y entregar cada día nuestra vida en servicio a nuestros hermanos. Amén.
