JOSÉ MARTÍNEZ TORRES

José nació en Valdepeñas de Jaén, el día 18 de marzo de 1889. Fue bautizado allí en el mismo día. Sus padres se trasladaron a Madrid, con el deseo de que sus hijos estudiaran. Tenían 5 hijos y José estudió Farmacia en la universidad.

En la zona de Madrid, donde vivían, había una casa de Jesuitas y la familia entró en contacto con ellos. Por aquellas fechas estaba destinado allí san José María Rubio y José entabló buena relación con él. Le ayudaba a misa, y, más tarde, en 1935, cuando nació uno de sus hijos le puso el nombre de José María.

Una vez titulado volvió a Valdepeñas y ejerció como farmacéutico. Contrajo matrimonio allí, en 1924, con Luz Luna Aparicio. De este matrimonio nacieron seis hijos, aunque dos murieron de pequeños. Los educaba para que fueran buenos cristianos, no con piedad dulzona, sino para que fueran ejemplo de honestidad y honradez, como ellos mismos contaban.

José era el primero que daba ejemplo, asistiendo diariamente a misa y comulgando, y atendiendo en la farmacia a todas las familias, aunque no tuvieran dinero para pagar, lo que era frecuente en aquel tiempo.

En su casa se rezaba cotidianamente el rosario en familia, además del ofrecimiento del día, y las oraciones en la comida y de la noche.

 

DATOS DE INTERÉS

Estado

Laico

Edad

47 años

Nacimiento

Valdepeñas de Jaén, el 18 de marzo de 1889

Matrimonio

el 4 de septiembre de 1924, con Luz Luna Aparicio, en Valde-peñas de Jaén

Profesión

Farmaceutico

Muerte

Carretera de Fuensanta de Martos a Los Villares, el 11 de septiembre de 1936.

RESEÑA

MARTIRIO

José contrajo las fiebres maltas; a veces estaba en la cama. Varias veces que fueron a sacarlo para declarar, el médico con su diagnóstico lo impidió.

En el mes de septiembre se lo llevaron detenido al Casino en la Calle Real y lo instalaron en una habitación del piso de arriba.  Allí acudía su esposa por la noche a cuidarlo, unos diez minutos; ella llevaba cada día a un hijo para que los viera a todos.

Una noche lo sacaron en un camión diciendo que lo llevaban a Jaén, pero no era verdad; a la mañana siguiente lo encontraron asesinado en la carretera.

Según algún testigo, le pidieron que blasfemara y renegara de su fe y así le perdonarían la vida.  Él se negó, afirmando que lo más grande que tenía era su fe en Dios. Después de dispararle, tardó en morir.  Falleció entre grandes dolores, rezando y perdonando a sus ejecutores.

Los paisanos y la familia lo recordaban como un hombre bueno, valiente, fervoroso y de honda caridad con el prójimo. Su esposa, al terminar la guerra, perdonó a los asesinos y le inculcó a sus hijos ese mismo espíritu de perdón.

ORACIÓN

Señor, concédenos ser siempre, como José, testigos valientes de tu Evangelio y entregar cada día nuestra vida en servicio a nuestros hermanos. Amén.

Beatificación 124 Mártires de la Diócesis de Jaén
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