ANTONIO MOLINA RASCÓN
Antonio nació en Baeza, el día 1 de abril de 1897, en la calle del Carmen. Su padre era panadero. Todos sus ascendientes eran de Baeza. Estudió en el Seminario de Baeza y después en el de Jaén. También cursó los estudios de magisterio, a la vez que era Capellán del convento de La Magdalena de Baeza, aunque no hay constancia de que ejerciera como tal.
Para su ordenación, desde Baeza, informaron que “es por completo pobre sin bienes algunos de fortuna y que sus padres viven del producto de su trabajo manual”. Tuvo que solicitar de Roma la dispensa de edad. El Papa Benedicto XV, a través de la Congregación para los Sacramentos, concedió 14 meses de dispensa de edad. El Sábado Santo de 1920, en abril, fue ordenado presbítero en la Capilla del Palacio Episcopal, solamente él. No hubo ningún ordenando más. Y el día 5 de abril, en la parroquia de San Pablo de Baeza, celebró la primera misa solemne, siendo sus padres los padrinos, y el predicador, el canónigo Elías Hurtado.
Siendo aún diácono, fue nombrado Capellán de la Catedral de Baeza, en junio o julio de 1919. Después de ser ordenado presbítero, en 1920, fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Andrés de Baeza y de inmediato tomó parte en la oposición a Curatos Vacantes que se resolvió el mes de noviembre de 1921, pues él tomó posesión de la parroquia de Arbuniel, por esta oposición, el 16 de noviembre de 1921. En 1930 ya era Párroco de Lupión y ocupaba este cargo cuando fue martirizado
DATOS DE INTERÉS
Estado
Sacerdote
Edad
39 años
Nacimiento
Baeza 1 de abril de 1897
Ordenación presbiteral
el 3 de abril de 1920
Ministerios
Capellán de la Catedral de Baeza, Coadjutor de la parroquia de San Andrés de Baeza, Párroco de Arbuniel, Párroco de Lupión.
Muerte
Finca “Los Capones”, en Ibros, el 3 de septiembre de 1936
RESEÑA
MARTIRIO
Estando en el convento de La Magdalena fue apresado y lle-vado al Ayuntamiento, donde permaneció prisionero hasta que un día, al ir a visitarlo la familia, como hacían cada día, les comunicaron que ya no se encontraba allí.
Fue martirizado el 3 de septiembre de 1936, junto a otros on-ce Sacerdotes, residentes en Baeza, en la finca “Los Capones” del término de Ibros, después de sacarlos de la cárcel atados de dos en dos con alambres.
BIOGRAFÍA AMPLIADA
Nacimiento, infancia, estudios y vida familiar.
Antonio Molina Rascón nació en Baeza el día 1 de abril de 1897, en la calle del Carmen, al mediodía. Sus padres eran Tomás Molina Lorite y Magdalena Rascón Rus. El padre era panadero. Todos los ascendientes son de Baeza.
Fue bautizado en la Parroquia de San Pablo, en Baeza el día 28 de abril del mismo año; lo bautizó el Rvdo. Luis Merlo; y en su partida bautismal hay una nota marginal: “El bautizado recibió el Sagrado Orden del Subdiaconado el 29 de mayo de 1918, Témporas de Pentecostés.
En el libro de Confirmaciones de la misma Parroquia consta que fue confirmado el 27 de octubre de 1897, con unos meses de edad, por el Obispo Guisasola y Menéndez en la misma Parroquia de San Pablo. En la partida literal de esta Confirmación dice su nombre completo: Antonio Venancio de la Santísima Trinidad.
De sus estudios consta que en el curso 1909-1910 estudió 2º de Latinidad en el Seminario de Baeza; y en el mismo Seminario cursó el 3º año de Sagrada Teología en el año académico 1917- 1918. También cursó los estudios de magisterio, aunque no parece que ejerciera como tal.
Sagradas Órdenes
Tonsura y Menores.
Se conservan los expedientes para la ordenación de tonsura y menores, en las Témporas de Pentecostés de 1917 y para el Subdiaconado en las Témporas de Pentecostés de 1918.
Estudiando el segundo curso de Sagrada Teología en el Seminario de Jaén, a la edad de 20 años, “con decidida vocación al estado sacerdotal”, solicita desde Baeza, el 9 de mayo de 1917, la tonsura y órdenes menores. El Rector del Seminario certifica que es alumno interno desde el curso 1909; hay en el expediente otras certificaciones de frecuencia semanal en recibir el Sacramento de la Penitencia y de “observar una conducta intachable en todos sus actos”.
Los testigos son coincidentes en el texto de sus respuestas:
“Que no se halla -que sepa- excomulgado, suspenso, irregular o entredicho, ni padece enfermedad, defecto u (sic) impedimento canónico que pueda estorbarle conseguir su pretensión… Que es de carácter pacífico… honesto, virtuoso y recogido, de buena vida, fama y costumbre e inclinado al culto divino y vive apartado de pendencias y ruidos”.
El 31 de mayo de 1917 fue incluido por el Obispo en la matrícula para tonsura y menores, que recibió en las témporas de Pentecostés de 1917.
Subdiaconado.
El 24 de abril de 1918 solicita el subdiaconado. En la misma solicitud pide ser ordenado “con dispensa de título”. Por ello, antes de remitir las Publicatas, se solicita confidencialmente tanto al párroco como al coadjutor de la parroquia de San Pablo en Baeza, para que respondan al cuestionario impreso que se les remite.
El párroco dice en sus respuestas:
“que es virtuoso y de buena opinión y fama; … que siempre ha observado buena conducta frecuentando casi diariamente el Santo Sacramento de la Eucaristía y cada ocho días el de la Penitencia; que ha asistido con puntualidad a las funciones de la Iglesia y Catequesis; … que no sabe que sus padres tengan bienes eclesiásticos ni fincas de ninguna clase”.
El coadjutor, más brevemente, responde en el mismo sentido. Se hace una instrucción para declarar la pobreza, con motivo de haber solicitado la dispensa de título, comisionando al cura párroco de San Pablo de Baeza. Ante él comparecen por separado dos testigos que declaran:
“Que es por completo pobre sin bienes algunos de fortuna y que sus padres viven del producto de su trabajo manual”.
El otro testigo dice:
“que sabe ciertamente que son pobres sin bienes de ninguna clase”.
Se añade al expediente un certificado del Secretario del Ayuntamiento de Baeza de fecha 29 de abril de 1918 en que dice:
“fue presentado y tallado… y el facultativo lo conceptuó ÚTIL, por lo que el Ayuntamiento lo declaró SOLDADO. Este mozo no ingresará en Caja hasta el día primero de agosto del año actual”.
El Rector del Seminario de Baeza certifica que estudia en esa fecha (24 de abril de 1918) el tercer curso de Sagrada Teología y que es alumno interno del Seminario de Baeza “desde el curso 1909 hasta el presente”.
El 22 de mayo de 1918 se le concede la dispensa de título y “por las facultades ordinarias por Derecho (cn. 981) se le dispensa del título de patrimonio y será ordenado al servicio de esta Diócesis de Jaén”.
El Obispo-Administrador Apostólico lo incluye en la matrícula de Órdenes para recibir el Subdiaconado a título Servitii Ecclesiae. Firma el Obispo-Administrador el 23 de mayo de 1918 para las témporas de Pentecostés, fecha de la reciente entrada en vigor del Codex del 1917.
Diaconado.
El Boletín de la Diócesis nos ofrece noticia de la recepción del Diaconado el 19 de abril, administrado por Fray Plácido Rey Lemos.
Presbiterado.
En este momento en que pide el presbiterado, febrero de 1920, Fray Plácido Rey Lemos, Administrador Apostólico de Jaén, ya ha sido preconizado Obispo de Lugo. Y a él se dirige el día 6 de febrero de 1920 solicitando que se pida de Roma la dispensa de edad. El 11 de febrero del mismo año, de nuevo se dirige al Obispo electo de Lugo y Administrador Apostólico de Jaén, solicitando ser ordenado presbítero.
El Papa Benedicto XV, a través de la Congregación para los Sacramentos, concede 14 meses de dispensa de edad, el día 25 de febrero de 1920 y el Obispo-Administrador Apostólico, ejecuta el rescripto el 6 de marzo de 1920.
Entre los informes confidenciales pedidos, uno de ellos se pidió a quien luego en 1936, también en Baeza será martirizado: Ángel López Salazar, Coadjutor de S. Pablo de Baeza. Todos los informes de sacerdotes, profesores del Seminario y seglares son muy favorables al candidato.
Nos parece curioso trascribir una de las respuestas de Ángel López Salazar (19 febrero 1920): “Sus padres no poseen más bienes que la honradez y el trabajo, y un premio de tres mil pesetas que le correspondió en la jugada pasada”.
Por otra parte, Antonio Molina Rascón en tales fechas está aún sujeto al servicio militar. Por ello el Obispo de Sión, Pro-Vicario General castrense, el día 24 de febrero de 1920 le concede ser ordenado Presbítero por el Obispo de Jaén.
El Sábado Santo de 1920, 3 de abril, fue ordenado Presbítero en la Capilla del Palacio Episcopal, solamente él. No hubo ningún ordenando más. Y el día 5 de abril en la Parroquia de San Pablo, en Baeza, celebró la Primera Misa solemne, siendo sus padres los padrinos, y el predicador, el canónigo Elías Hurtado.
Destinos y cargos
Siendo aún Diácono fue nombrado Capellán de la Catedral de Baeza, en junio/julio de 1919. Después de ser ordenado Presbítero, en 1920, es nombrado Coadjutor de la Parroquia de San Andrés de Baeza y de inmediato tomó parte en la oposición a Curatos Vacantes que se resolvió el mes de noviembre de 1921, pues él tomó posesión de la Parroquia de Arbuniel, por esta oposición, el 16 de noviembre de 1921. En 1930 ya era Párroco de Lupión y ocupaba este cargo cuando fue martirizado.
Martirio
La partida de defunción se inscribió en Ibros el día 13 de mayo de 1939. Había sido martirizado el 3 de septiembre de 1936, junto a otros once Sacerdotes, residentes en Baeza, en la finca Los Capones del término de Ibros.
Aunque, igual que del resto de Sacerdotes de Baeza que murieron con él se hace la narración de la prisión y muerte en conjunto para todos ellos, en relación con él tenemos la narración de su prisión y de los días siguientes escritos por uno de sus familiares. Así lo dice:
“Su último destino fue el convento de las Madres Agustinas Recoletas de Baeza, La Magdalena, como es conocido en la ciudad.
Durante este periodo de tiempo sabemos que cursó los estudios de Magisterio, si bien no nos consta que ejerciera como maestro (…).
Estando en la Magdalena y ya en la Guerra Civil Española, fue apresado y llevado al Ayuntamiento, donde permaneció prisionero hasta que un día, al ir a visitarlo la familia, como hacían cada día, les comunicaron que ya no se encontraba allí.
Fue trasladado a las afueras de Baeza, ya en término municipal de Ibros donde fue fusilado junto a las otras personas que se encontraban prisioneras en ese momento en el Ayuntamiento.
Años después encontraron una fosa común; avisados los familiares, pudieron reconocer los restos por la ropa que llevaba y una carta, que al parecer, llevaba en el bolsillo de la chaqueta.
Las autoridades de la época decidieron trasladar y dar sepultura a estos restos, de todas estas personas, encontrados en la fosa común, a la Santa Iglesia Catedral de Baeza, donde aún permanecen”.
También el padre del Siervo de Dios, el día 11 de noviembre de 1941 declaró en la Causa General lo siguiente:
“Que su hijo D. Antonio Molina Rascón, de profesión sacerdote, de 39 años de edad, con domicilio en calle Magdalena nº 8, fue detenido por ……. y tres milicianos cuyos nombres ignoro, en Baeza el 22 de julio de 1936, siendo conducido a la prevención y al día siguiente a la prisión del partido. Su cadáver bastante destrozado, fue hallado en el término de Ibros.
Relato único del Martirio, en la misma hora y lugar, del grupo completo (En el cortijo “Los Capones”, Ibros, el 3 de septiembre de 1936).
Situación socio-religiosa de Baeza en 1936.
Baeza está situada a 48 kms. de la capital. Por razones históricas, al restablecerse en ella la sede giennense tras la conquista por San Fernando, contó con Catedral desde 1248. Cuando la sede se traslada pocos años después a Jaén, una parte del Cabildo Catedral de Jaén -y así fue hasta 1936- tenía asignada su residencia en Baeza para atender debidamente el culto catedralicio.
La Catedral de Baeza contaba con canónigo-arcipreste, canónigo arcediano, canónigo penitenciario y tres canónigos, a los que se unían el beneficiado organista, el beneficiado sochantre, el beneficiado maestro de ceremonias, el beneficiado sacristán mayor, tres beneficiados y un capellán.
Frente a la Catedral se encontraba el Seminario Conciliar de San Felipe Neri, cuyo rector, administrador y director espiritual en las primeras décadas del siglo XX pertenecían a la congregación de Sacerdotes Operarios Diocesanos.
Las parroquias en Baeza eran tres: Santa María del Alcázar y San Andrés; San Pablo; y El Salvador.
Las casas religiosas eran: Cuatro Monasterios de clausura (femeninos) y las Hijas de la Caridad, que desde 1870 atendían el Hospital.
Las ermitas y oratorios eran abundantes. En el anejo de La Yedra, a 5 kms., había una parroquia con advocación del Santo Cristo de la Yedra, con párroco.
Por razones históricas y ambientales era una ciudad donde el componente religioso tenía una gran trascendencia.
Suprimido el Cuartel de Sementales, dependiente del Arma de Caballería, en el mes de marzo de 1936, y concentrada la Guardia Civil en Úbeda, el mismo 18 de julio, la ciudad quedó muy pronto bajo control de las milicias, que desde el primer momento iniciaron la detención, en ocasiones aparatosa y teatral, de sacerdotes.
Los templos fueron todos incautados y en su mayor parte militarizados. Un aparatoso Batallón Stalin dejaría triste recuerdo en la iglesia de Santa Cruz y en el Seminario Conciliar. Por acuerdo municipal de 18 de septiembre de 1936 se instalaron en el seminario las dependencias del Ayuntamiento, Juzgado, Correos, Telégrafos, Teléfonos, “y los demás centros o entidades de público servicio que se consideren convenientes”.
San Pablo fue sede del Sindicato de Auto-Transportes. De este panorama da cuenta también un documento que describe la situación de deterioro o profanación en que quedaron en 1939 los inmuebles religiosos.
Los sacerdotes residentes en Baeza o sus alrededores que fueron asesinados
Once sacerdotes (diez de ellos del clero secular, más otro sacerdote operario, director espiritual del seminario de Baeza, Manuel Galcerá Videllet), formando parte de una saca de treinta y un detenidos, serían asesinados el 3 de septiembre de 1936 en término de Ibros, como advertencia clara de cuál iba a ser el nuevo orden. Al grupo completo luego se le conocerá con el sobrenombre de ‘los 31’. El grupo está compuesto por los siguientes, sacerdotes, siguiendo orden por su edad:
- Pedro José Cejudo de la Torre (67 años) Párroco de La Yedra
- Juan Ángel Román Pulido (67 años) Párroco de El Sagrario y el Salvador
- Francisco Martínez Baeza (61 años) Canónigo Penitenciario Catedral (Baeza)
- Julián Ruiz Guzmán (61 años) Párroco de San Pablo
- José López Pérez (60 años) Párroco de San Andrés.
- Cipriano Herrera Caballero (62 años) Beneficiado Catedral (Baeza)
- Roque Tarazona García (56 años) Beneficiado Catedral (Baeza)
- Miguel García Lahoz (40 años) Beneficiado de la Catedral (Baeza)
- Antonio Molina Rascón (39 años) Párroco de Lupión
- José María de la Hoz Manjón (28 años) Coadjutor de San Pablo.
Con ellos va también, en todo momento de cárcel y muerte, el P. Operario Manuel Galcerá Videllet (Beatificado en Tortosa el 30 de octubre de 2021), director espiritual del seminario de Baeza.
Estos sacerdotes, fueron asesinados ‘in odium fidei’, el día 3 de septiembre de 1936, en la finca Los Capones, del término municipal de Ibros, cerca de Baeza; también habían sido detenidos todos ellos entre el 22 y 23 de julio, y llevados a la cárcel de Baeza donde trascurren sus últimos días, alrededor de unos 40 días.
Todos ellos residían en Baeza en razón de los cargos pastorales que ocupaban. Pero al grupo se añaden dos más con residencia cercana a Baeza. Uno de ellos es el mayor en edad de todo este grupo: el Siervo de Dios Pedro José Cejudo de la Torre; desde antes de 1905, era Párroco en La Parroquia del Sto. Cristo, en La Yedra. Él, cuando llegó el momento de sacarlos de la cárcel para llevarlos al martirio, porfió e insistió en salir vestido con la sotana.
Y el otro, el Siervo de Dios Antonio Molina Rascón, de 39 años, Párroco de Lupión, a 7 Km. de Baeza. También a uno y otro fueron a buscarlos a sus casas en las mismas fechas de 22/23 julio de 1936 y los encarcelaron con el resto del grupo. Cuando llegó el momento de salir hacia el martirio, los ataron de dos en dos por las manos, con alambres.
Motivos de estas muertes.
Las circunstancias de la detención, padecimientos y muerte de todos ellos son idénticas, por lo que se hace el relato de su detención, prisión y martirio de un modo común para los diez.
Estos diez sacerdotes mueren -como se ha dicho- junto a uno de los dos PP. Operarios, Manuel Galcerá Videllet. El P. Galcerá acompañó a los diez Siervos de Dios en todos los días finales, y en la misma hora de la muerte.
El móvil de la misma no fueron sus ideas políticas sino lisa y llanamente el odio y el rencor profesado hacia todo vestigio religioso, ya se tratara de cosas, templos o personas. Un testigo afirma: “Creo que fue el odio de esta gente hacia los sacerdotes; desde que entró la República en España, los sacerdotes eran objeto de persecución”. Otro de los testigos dice: “Creo que la persecución fue consecuencia del odio que se destapó en aquella ocasión contra la religión, contra la Iglesia. Y en el caso concreto de este hombre, por ser sacerdote”.
La preparación inmediata para el martirio queda reflejada en los apuntes biográficos de Don Manuel Galcerá, contenidos en el Martirologio de la Hermandad de los Operarios Diocesanos:
“El 20 de julio de 1936 fue encarcelado en la planta primera del Ayuntamiento. La cárcel estaba llena de presos de Baeza y de Ibros, entre ellos 15 sacerdotes. Durante el cautiverio vivían unidos en la oración y confortados por el sacramento de la penitencia. Desde el 20 de julio al 3 de septiembre vivieron intensa vida de oración, alentándose mutuamente para el martirio”.
La realidad de sus muertes violentas.
Las informaciones sobre el particular y los datos precisos acerca del martirio, procedentes de diversas fuentes, son claros y precisos, y nos proporcionan la certeza de este hecho, lejos de toda duda razonable. Era voz común y todo el pueblo conocía cuándo y en dónde fueron sacrificados.
He aquí el relato de la muerte de Don Manuel Galcerá y sus compañeros mártires, narrada por un testigo:
“Fue el 3 de septiembre del año 1936, de madrugada; con él salieron de la cárcel 31 personas, de los cuales 12 eran sacerdotes, el resto eran seglares, todos varones. Los hicieron subir en camiones atados de los brazos unos con otros con alambres, llevándolos al término de Ibros, a un lugar denominado “Capones” y allí los fusilaron. Todo esto lo sé porque, los verdugos solían, y así ocurrió en este caso, celebrar la muerte de estas personas brindando en un bar de la localidad, por el asesinato que habían cometido, y allí comentaban detalles de cómo había ocurrido, con lo cual llegaba a conocimiento de todo el mundo”.
Su actitud ante el martirio.
En el Martirologio de la Hermandad de Operarios Diocesanos se nos relata la muerte de los 31 mártires de esta manera:
“En la madrugada del 3 de septiembre de 1936, treinta y uno de los presos – 12 de ellos sacerdotes, entre los que se encontraba Don Manuel Galcerá Videllet – fueron atados y conducidos por una carretera secundaria a un lugar muy apartado, llamado Capones, a unos 9 kms. de Baeza en el término municipal de Ibros. Allí fueron asesinados por un pelotón de milicianos ‘los 31’ y el Canónigo Penitenciario Don Francisco Martínez Baeza absolvió a todos antes de que los mataran”.
El Canónigo Chantre de la Catedral de Jaén, D. Eleuterio Villén Navas, escribió en los años inmediatos a los hechos:
“Según declaraciones del Jefe de la Prisión, Sr. Pavón, durante los 41 días que estuvo en la cárcel [Francisco Martínez Baeza] fue un verdadero Apóstol (dando limosnas y rezando con los presos por lo que fue varias veces duramente castigado), alentando a todos los presos.
En la madrugada de su asesinato, que fue el día 2 de Septiembre del 36, cuando fue avisado por otro compañero (el Párroco de S. Pablo de Baeza) [Julián Ruiz Guzmán] de que iban a ser asesinados, contestó con gran serenidad: “Demos gracias a Dios porque dentro de unos momentos vamos a estar gozando de su presencia”; se reconcilió y reconcilió a los que iban a ser asesinados, entre los que había unos 13 sacerdotes
Al salir de la prisión dio la bendición a todos los presos con un ‘viva Cristo Rey’. Durante el trayecto fue alentando a todos; hablándoles de la muerte y de la dicha que tenían de morir por Cristo; en los momentos del asesinato pidió que le dejasen el último para ayudar a bien morir a los demás.
Terminada esta misión, al llegarle el turno a él se arrodilló diciendo: “¡Señor, perdóname a mí y perdónalos a ellos, que no saben lo que se hacen!”. Estas palabras conmovieron a los que le iban a fusilar, y entonces les dijo: “Tirad ya y no os asustéis, vosotros no sois los responsables sino los que os mandan. ¡Quiero seguir el camino de mis compañeros y no quiero privarme de esta dicha!”.
La sepultura y la traslación
Afirma un testigo: “Los asesinaron el tres de septiembre de 1936 cerca del pueblo de Ibros, en un lugar llamado Capones. Debieron enterrarlos enseguida en una fosa común del cementerio de Ibros. A los tres años fueron trasladados a la capilla dorada de la catedral de Baeza, donde reposan actualmente; yo, asistí al traslado”.
Don León Suárez Palomares, natural de Ibros, que ha estudiado el tema en profundidad, se expresa de esta manera:
“Los cadáveres fueron enterrados en el Cementerio de Ibros en una gran zanja común. En 1939 fueron exhumados y llevados procesionalmente a la catedral de Baeza. A este respecto quiero dar mi testimonio personal. Tenía yo 9 años cuando asistí al traslado de los restos”.
Y en el Martirologio de la Hermandad, Don Antonio Torres, recogiendo sin duda las informaciones más o menos conocidas por la gente, dice:
“En la madrugada del 3 de septiembre de 1936, 31 de los presos, fueron conducidos a un lugar muy apartado llamado Capones. Allí fueron asesinados. Fueron enterrados en una fosa común del cementerio de Ibros. El año 1939 fueron exhumados los restos mortales de los 31, como se denomina en Baeza a estos mártires, y llevados procesionalmente a la catedral de Baeza. En el lugar del martirio se levanta una gran cruz de piedra, en memoria de los 31”.
La fama de martirio.
Los testigos dan fe con las siguientes afirmaciones:
“Al comentarse la muerte de tantos sacerdotes y religiosos como aparecen en las lápidas de la catedral de Jaén, la opinión general era que habían muerto por Dios, como mártires”.
”…en aquel entonces se habló de martirio al referirse a la muerte de estas personas”.
“La gente los consideró martirizados, doliéndose de la muerte que habían sufrido estas personas, que no habían hecho nada delictivo, al contrario”.
La Capilla Dorada de la Catedral de Baeza y la CRUZ, en el lugar de la muerte.
Los nombres de estos mártires, están recogidos en la Capilla Dorada de la Catedral de Baeza; se ha hecho más arriba referencia al traslado de sus restos a este lugar. Por otra parte, en el lugar donde fueron martirizados hay una Cruz erigida como recuerdo y memorial de su vida entregada.
De todos no se pudieron encontrar restos.
Por otra parte, en otro lugar y distintas fechas murieron otros tres sacerdotes de Baeza, aunque en otro grupo distinto; los tres son sacerdotes diocesanos residentes en Baeza, y también otro padre operario más, del seminario de Baeza:
Vicente Catena Vilchez, Manuel Blanco Mesa, Ángel López Salazar, Aquilino Pastor, (Operario Diocesano, beatificado en Tortosa el 30 de octubre de 2021)
ORACIÓN
Señor, concédenos ser siempre, como Antonio, testigos valientes de tu Evangelio y entregar cada día nuestra vida en servicio a nuestros hermanos. Amén.
