JUAN MORILLO TORRES

Juan nació en La Guardia de Jaén, en el año 1874. Así lo dice el Obispo de Almería el 25 de agosto de 1903 en sus Letras Testimoniales con motivo de la excardinación de tal Diócesis y su incardinación en la de Jaén.

No se saben los motivos, pero todos los estudios los realizó en el Seminario de Almería, según quedó dicho en las referidas Letras Testimoniales.

El mismo Zárate, Obispo de Almería, dice que el 18 de diciembre de 1896 recibió el presbiterado. El 25 de agosto de 1903, Juan Morillo solicitó la excardinación de la diócesis almeriense para residir definitivamente en la diócesis de Jaén, siendo recibido por el Obispo de Jaén el 31 de agosto del mismo año.

El primer nombramiento que recibió, ya incardinado en Jaén, fue en diciembre de 1903, siendo nombrado Coadjutor de Cambil. Antes de 1918 fue destinado como Capellán del Santuario de la Nuestra Señora de la Fuensanta, en Huelma, donde permaneció hasta su muerte.

En este cargo de Capellán del Santuario desplegó una tarea continua de devoción y caridad, siendo muy llamativa es su tarea caritativa con los pobres.

 

DATOS DE INTERÉS

Estado

Sacerdote

Edad

62 años

Nacimiento

La Guardia de Jaén, en 1874

Ordenación presbiteral

el 18 de diciembre de 1896

Ministerios

Coadjutor en Cambil (1903), Capellán del Santuario de la Vir-gen de la Fuensanta en Huelma (antes de 1918)

Muerte

Santuario de Huelma, el 26 de julio de 1936

RESEÑA

MARTIRIO

Nos han quedado testimonios de que, en las primeras semanas de la Guerra Civil, torturaron y quemaron vivo a Juan, a plena luz del día. Unos meses antes de ese hecho, habían robado en la ermita, siendo detenida una persona a la que propinaron duras palizas para que declarara, pero siempre insistió en su inocencia. Según parece, este hombre juró venganza por el trato recibido y, entre la gente del pueblo, se daba por hecho que él fue quien mató a Juan.

A pesar de ser avisado para que abandonara el santuario, él no vio el peligro. Un día, sobre mediodía, llegaron cuatro o cinco hombres con la cara tapada al santuario, y en la puerta preguntaron por don Juan; éste salió a la puerta y no tuvo tiempo de nada. Los hombres encapuchados se abalanzaron sobre él y comenzaron a torturarlo con los palos y cuchillos que llevaban consigo. Parece ser que del primer golpe en la cabeza le arrancaron una de las orejas. Lo subieron hacia la alberca que hay en la ermita y durante el camino le fueron propinando patadas y golpes. Llegados a la alberca la tortura siguió; se cuenta que le cortaron los testículos y se los metieron en la boca. Después lo rociaron con gasóleo y lo quemaron vivo.

Un matrimonio que vivía en un pequeño cortijo, más arriba de la alberca, presenció todo lo sucedido y luego lo contaba con verdadero pánico y horror.

ORACIÓN

Señor, concédenos ser siempre, como Juan, testigos valientes de tu Evangelio y entregar cada día nuestra vida en servicio a nuestros hermanos. Amén.

Beatificación 124 Mártires de la Diócesis de Jaén
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