RAMÓN ROJO Y DÍAZ DE CERVANTES
Ramón nació en Almonacid (Toledo), el día 31 de agosto de 18842. Sus padres eran Marco y Petra. Hijo de familia humildísima, pasó los primeros años de su vida en un ambiente de gran estrechez, dedicada toda la familia a los trabajos propios de la industria de esparto. En más de una ocasión, sus hermanos y él tenían que permanecer en cama, mientras su madre les lavaba la única camisa que tenían.
Bien joven fue enviado al seminario de Toledo, donde pronto y en vista de lo mucho que prometía, fue elegido para que estudiase Teología y Derecho Canónico en la Universidad Gregoriana como alumno del Sacro Colegio Español de Roma. Allí se examinó de Licenciado, de Bachiller en Cánones y de Doctor.
Recibió de manos del Cardenal Vicario de Roma las sagradas órdenes de subdiaconado, diaconado y presbiterado, dispensados los intersticios.
En el concurso de curatos vacantes en Toledo, en mayo de 1912, obtuvo la parroquia de Pastrana (Guadalajara). A los 33 años de edad, en 1917, llegó como Párroco a Cazorla.
DATOS DE INTERÉS
Estado
Sacerdote
Edad
52 años
Nacimiento
En Almonacid (Toledo), el 31 de agosto de 1884
Ordenación presbiteral
el 16 de julio de 1908
Ministerios
Párroco de Pastrana (Guadalajara) (1912), Párroco de Cazorla (1917)
Muerte
Entre Torrejón de Ardoz y Paracuellos del Jarama, el 7 de noviembre 1936
RESEÑA
MARTIRIO
Ramón mismo decía que “la tormenta empezará descargando sobre la Iglesia de Cristo, y sus servidores, los sacerdotes, serán las primeras víctimas”.
Se dirigió en tren a Albacete llevando a sus sobrinas para que estuvieran más seguras. Al llegar a la estación de Alcázar de San Juan, tuvieron que seguir hasta Madrid por estar cortadas todas las comunicaciones con Albacete. En Madrid fue acogido en la casa de una familia de Cazorla, hasta que dos meses después fue apresado, ingresando en la cárcel instalada en el colegio de los Padres Escolapios. Allí estuvo hasta que en la noche del 7 al 8 de noviembre de 1936, con motivo de hacer una saca general de presos para descongestionar las cárceles que estaban materialmente abarrotadas, fue interrogado sobre si era o no sacerdote. No dudó un momento, y sereno y consciente de la suerte que le esperaba contestó: “Yo no puedo renegar de la fe de Cristo que tengo jurada. Soy sacerdote y por cierto cura y párroco de Cazorla”. “Por la boca muere el pez”, dijo el interrogante, y empujándolo violentamente pasó a engrosar el número de las víctimas. Pocas horas después fue fusilado en Paracuellos del Jarama.
ORACIÓN
Señor, concédenos ser siempre, como Ramón, testigos valientes de tu Evangelio y entregar cada día nuestra vida en servicio a nuestros hermanos. Amén.
