La Eucaristía, presidida por el Obispo de Jaén, Monseñor Chico Martínez, ha estado concelebrada por el Vicario y Provicario General; el Delegado de la Causa de los Santos; miembros del Cabildo Catedral, y algunos sacerdotes parientes de los mártires. Los seminaristas han acolitado la celebración.
El coro Amicitia, de Martos ha puesto, una vez más, la música a la Eucaristía, en la que entre otros temas han cantado el Himno de los mártires, que ya estrenaron el primer día del triduo preparatorio a la beatificación. Las lecturas han estado participadas por familiares de los mártires, el salmo cantado para la religiosa Mercedaria del Santísimo Sacramento, la Hermana Flavia. El Evangelio lo proclamó el diácono permanente, D. José Extremera.
Homilía
El Obispo de Jaén comenzaba sus palabras haciendo referencia a lo que reunía a la Iglesia jiennense en su primer Templo, ocho días después de la beatificación. “Hace una semana vivíamos un acontecimiento histórico en nuestra tierra giennense, en este Templo tan emblemático de nuestra Iglesia, relicario del Rostro de Cristo, la beatificación de nuestros 124 mártires del S. XX. Hoy nos volvemos a reunir con un profundo sentimiento de gratitud ante Dios, porque nuestra Iglesia de Jaén ha sido visitada por su gracia de una manera singular en este acontecimiento vivido”, expresó.
Después y en referencia al Evangelio proclamado y a los mártires, Don Sebastián quiso enfatizar: “Queridos hermanos, al escuchar hoy la Palabra de Dios, nuestra mirada se dirige espontáneamente a nuestros 124 mártires. También ellos vivieron su fe en circunstancias oscuras, complejas, dolorosas. Y, como José, supieron fiarse de Dios cuando humanamente todo parecía incierto”. En este sentido, subrayó, “La beatificación que hemos vivido no es un ajuste de cuentas con el pasado, ni una relectura ideológica de la historia. La Iglesia no beatifica para señalar culpables ni para reabrir heridas. La beatificación es un canto a la gracia de Dios, una proclamación de que el amor ha sido más fuerte que el odio y de que la vida ha vencido a la muerte”.
Monseñor Chico Martínez, en referencia al himno quiso manifestar ante el pueblo fiel congregado: “Como canta el Himno, fueron llevados a la almazara, como aceitunas de esta tierra de Jaén. Sus vidas, aparentemente trituradas por el odio, fueron en realidad molturadas por el amor, y se convirtieron en óleo nuevo, en perfume del Ungido que sigue sanando y dando luz a su Iglesia”.
El Prelado jiennense, de igual modo, no olvidó su muerte como semilla de esperanza para la Iglesia que peregrina en esta tierra y también la universal: “Nuestros mártires son testigos de esperanza también porque interpelan nuestra fe. Denuncian, con su vida entregada, nuestros conformismos, nuestras medias tintas, la tentación de acomodar el Evangelio para no complicarnos la vida, nuestra “mediocridad”. Nos recuerdan que no se puede dar a Dios solo una parte del corazón”. Para añadir, “Los santos siempre miran al futuro. Su sangre no cierra una historia; la abre. Su muerte no es un final, sino una siembra fecunda. Desde el cielo interceden por esta Iglesia de Jaén para que no nos acobardemos, para que vivamos con valentía, coherencia y alegría la fe que hemos recibido”.
Con una referencia a la Navidad “Esta es la gran noticia que vamos a celebrar en Navidad. Dios no nos creó para abandonarnos, ni para dejarnos sometidos al poder del mal y de la muerte. Dios se ha hecho uno de nosotros. Y porque Él vive con nosotros, nuestra vida tiene sentido, incluso en medio del sufrimiento; nuestra historia tiene futuro, incluso cuando parece rota. Los mártires lo creyeron. Y porque lo creyeron, vivieron y murieron de otra manera. Su esperanza se apoya en Cristo, Emmanuel, Dios-con-nosotros”.
Al finalizar la celebración y rezar juntos la oración de los mártires, la urna con las reliquias, que desde el pasado sábado se encontraba en el presbiterio, fue traslada en procesión a hombros de los seminaristas hasta la capilla de San Pedro Pascual y de los Mártires, donde podrá recibir veneración de los fieles.
Se cierra, así, uno de los grandes frutos de este año Jubilar de la Esperanza, en el que la Iglesia ha reconocido el martirio de 124 jiennenses: sacerdotes, laicos y una religiosa, que entregaron su vida por amor a Dios y fidelidad a Jesucristo.
Como cada año, el Obispo de Jaén, Don Sebastián Chico Martínez, ha hecho público su mensaje de Navidad, que en esta ocasión ha sido grabado en el Belén Belén del Monasterio de Santa Clara de Jaén, y con el que ha querido entrar, una vez más, en los hogares de los jiennenses para anunciar “la mejor noticia de la historia, la noticia que no envejece ni pasa de moda: Dios no se ha quedado al margen de nuestra vida. No ha mirado la historia desde lejos. Ha entrado en ella. Y lo ha hecho de la forma más sencilla y más desarmante: como un niño. Frágil. Pobre. Vulnerable”.
En su felicitación navideña, el Pastor diocesano ha subrayado que este misterio de la Navidad viene a decirnos “algo muy claro: que ninguna vida es irrelevante y que ninguna oscuridad del alma es definitiva, que siempre hay esperanza”, recordando, además, que en la conclusión del Año de la Esperanza “cuánto hemos aprendido sobre ella. ¡Cuántas semillas ha sembrado y cuántos frutos está dando!”.
El Obispo ha puesto, además, el acento en que “este 2025 hemos descubierto cuál es la esperanza con mayúsculas: Dios se encarna, toma nuestra piel y nuestro corazón. Comparte nuestra historia, se hace uno de nosotros”, afirmando que Dios “conoce de nuestras heridas y cansancios; nuestras alegrías y esperanzas; y tanto ayer como hoy, sigue actuando, cada día”. Desde esta certeza, ha exhortado a todos, y de manera especial a los cristianos, a elegir “otro camino: el camino que nos conduzca a la paz, al diálogo y al encuentro”, en un mundo marcado “por la crispación, por la desconfianza y por la polarización que tanto daño hacen”.
Del mismo modo, ha destacado el papel de la Iglesia, llamada a ejercer, como lo ha hecho siempre, “de voz profética. Como Iglesia, nosotros debemos anunciar el Evangelio con valentía; denunciar todo lo que hiere la dignidad humana; acompañar, con misericordia, a quienes quedan en los márgenes; en las periferias existenciales, que le gustaba decir a nuestro querido Papa Francisco”.
El Prelado del Santo Reino ha dirigido también una palabra especial a los jóvenes, animándolos a no tener miedo y recordándoles que “Cristo no apaga vuestros sueños. La Iglesia os necesita: No os conforméis con una vida pequeña; soñad a lo grande y dejad que el Señor nazca también en vuestro corazón y os convierta en sembradores de esperanza”.
Ensu mensaje, Don Sebastián Chico Martínez ha querido tener, también, un recuerdo agradecido para el Papa Francisco, por el legado dejado a la Iglesia, así como para el Papa León XIV, que continúa guiando “el rumbo de la barca de Pedro”, subrayando la comunión de la Iglesia diocesana de Jaén con el Santo Padre.
Del mismo modo, el Obispo de Jaén ha tenido palabras de acción de gracias por la beatificación de los 124 mártires del siglo XX, “testigos de la esperanza que no defrauda”, cuya memoria “no nos ata al pasado, sino que nos impulsa a vivir el presente con mayor fidelidad y más entrega”.
Asimismo, ha puesto la mirada en el 2026, “un año que se abre con retos y muchas posibilidades”, invitando a crecer como Iglesia diocesana “en sinodalidad, a seguir caminando juntos y fortaleciendo el sentido de la corresponsabilidad. La Iglesia es la casa de todos, y por eso es, también, tarea de todos”.
Finalmente, a las puertas de la Navidad, el Obispo ha querido acordarse de quienes viven estos días en la soledad, la enfermedad, el duelo o la incertidumbre, para decirles con sencillez: “no estáis solos. Dios ha querido compartir vuestra fragilidad. Y la Iglesia, que es madre, también os abraza”. Su mensaje ha concluido poniendo el nuevo año bajo la protección de María y deseando, desde Jaén, “Feliz y Santa Navidad y bendecido 2026”.
Este domingo, 21 de diciembre, la Diócesis de Jaén se reunirá en la Catedral, a las 18 horas, para celebrar una Misa de acción de gracias por la beatificación de los mártires del siglo XX. Una Eucaristía, presidida por nuestro Obispo, Don Sebastián Chico Martínez, que reunirá a toda la comunidad diocesana para dar gracias a Dios por el testimonio de fe de quienes entregaron su vida por Cristo. El Coro Amicitia, de Martos, dirigido por Fernando J. Camacho, acompañará musicalmente la celebración.
La ceremonia de beatificación, celebrada el pasado 13 de diciembre, fue histórica para la Diócesis y estuvo presidida por el cardenal Marcello Semeraro, prefecto del Dicasterio para la Causa de los Santos y representante del Santo Padre León XIV. Durante la misma, se proclamó beatos a Manuel Izquierdo Izquierdo y 58 compañeros mártires, y a Antonio Montañés Chiquero y 64 compañeros mártires, quienes, por amor, dieron testimonio de fe hasta el final.
La Misa de este domingo será un momento para recordar el ejemplo y celebrar el legado de los 124 mártires, sacerdotes, laicos y una religiosa, que continúan siendo semillas de fe en la Diócesis del Santo Reino, renovando, así, la esperanza y la fidelidad a Cristo en toda la comunidad.
Jaén ha vivido un acontecimiento histórico con la beatificación de 124 mártires del siglo XX: un testimonio de fe y entrega. Una celebración multitudinaria, en la que la esperanza, el recuerdo, el espíritu de la reconciliación y el perdón.
Jaén amanecía, este 13 de diciembre con la mirada puesta en la Catedral y con la memoria en esos hombres y mujeres que, ante la prueba más difícil, la de la muerte, no dudaron en entregar la suya por amor a Aquel que antes la entregó por todo el género humano. Pedro Granados; Antonio Martínez López; Juan Ángel Román, Obdulia Puchol, Teresa Basulto, Alberto Pancorbo, Sor Isabel María Aranda…, y así hasta 124 nombres que ya no pertenecen solo a sus familias, sino a los millones de católicos de todo el mundo, para los que desde hoy estos hombres y mujeres son referentes de testimonio, de entrega y de amor, al ser oficialmente declarados mártires.
Esta mañana, la Iglesia de Jaén ha vivido una jornada histórica y luminosa con la beatificación de 124 mártires, sacerdotes, laicos y una religiosa, que entregaron su vida por amor a Cristo in odium fidei. La celebración, que ha daba comienzo a las 11 de la mañana, ha sido presidida por el Cardenal Prefecto para la Causa de los Santos, Marcello Semeraro, representante del Santo Padre León XIV.
Alrededor de 2.000 fieles se han congregado para acompañar la solemne ceremonia, muchos de ellos familiares directos de los nuevos beatos: hijos, nietos, hermanos, sobrinos, tataranietos… de estos testigos de esperanza que, por su entrega valiente, la Iglesia ha reconocido y ha honrado con la palma del martirio. A la celebración, también, han acudido autoridades civiles y militares, entre ellos, el Delegado del Gobierno de la Junta de Andalucía en Jaén, D. Jesús Estrella, así como numerosos alcaldes de los pueblos de donde eran naturales o fueron martirizados los ya declarados beatos.
La Eucaristía, concelebrada por casi 20 obispos, ha contado con la participación del Obispo de Jaén, Don Sebastián Chico Martínez, y los dos eméritos, Don Ramón del Hoyo López y Don Amadeo Rodríguez Magro, quienes han sostenido este proceso y han custodiado con celo la memoria de estos testigos del Evangelio.
Asimismo, alrededor de 150 sacerdotes de toda la provincia, y algunos de diócesis vecinas, han querido estar presentes en esta solemne celebración que ha sido armonizada por MusicAlma, bajo la batuta de José Gregorio Trujillo.
Rito de beatificación
El Obispo de Jaén, Don Sebastián Chico Martínez, ha leído la petición de la Iglesia de Jaén al Santo Padre para que los Venerables Siervos de Dios Manuel Izquierdo, Antonio Montañés y 122 compañeros mártires, hijos de esta Diócesis de Jaén, fueran inscritos en el libro de los beatos. A continuación, el vicepostulador de la causa y delegado diocesano para la Causa de los Santos, D. Andrés Nájera, ha ofrecido un breve relato de la vida y testimonio de los mártires.
Seguidamente, el Cardenal Semeraro ha dado lectura a la Carta Apostólica del Papa León XIV, en la que Su Santidad proclama la solemne beatificación.
Letras apostólicas
«Cumpliendo los deseos de nuestro hermano, Sebastián Chico Martínez, Obispo de Jaén, así como de muchos otros hermanos en el Episcopado y de numerosos fieles cristianos, tras consultar al Dicasterio para las Causas de los Santos, por nuestra autoridad Apostólica, concedemos que los Venerables Siervos de Dios
MANUEL IZQUIERDO IZQUIERDO y 58 compañeros mártires y ANTONIO MONTAÑÉS CHIQUERO y 64 compañeros mártires, sacerdotes diocesanos, religiosos, fieles laicos, testigos heroicos y constantes del Señor Jesús, por cuyo amor no temieron derramar su propia sangre, sean de ahora en adelante llamados Beatos y puedan ser celebrados el día seis de noviembre de cada año, en los lugares y formas establecidos por la ley. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén».
PP XIV
Al término de la lectura de las letras apostólicas ha tenido lugar uno de los momentos más emotivos de la celebración. Mientras MusicAlma entonaba el Pleni sunt coeli –Te Deum– , se ha descubierto una obra pictórica con la imagen de los nuevos Beatos, del pintor torrecampeño Francisco Galán, situada en el tornavoz. A la vez que se abrían 14 de los balcones interiores del Templo Catedral y eran descolgadas las imágenes de los ya declarados beatos, al tiempo que las campanas de la Catedral repicaban jubilosas y los fieles aplaudían con entusiasmo.
Cuatro sacerdotes portaban la urna de las reliquias, acompañada por familiares de los mártires, así como por cuatro contemplativas de las Clarisas de Jaén que acompañaban el cortejo con flores y familiares de los mártires, con velas. En el presbiterio se ha depositado la urna, con los restos de algunos de los mártires, como símbolo tangible de su entrega hasta el extremo. En este momento, se ha interpretado el Himno de los Mártires de Jaén “Cual gotas del Santo Rostro”, con letra del sacerdote D. Manuel Cámara y música del compositor marteño Fernando J. Camacho.
El rito ha concluido con las palabras de agradecimiento de Monseñor Chico Martínez:
“La Iglesia de Dios que peregrina en Jaén da gracias al Sucesor del Apóstol Pedro, Su Santidad el Papa León XIV, por haber proclamado beatos a nuestros mártires”.
Finalmente, el Obispo de Jaén, los dos eméritos, el arzobispo de la provincia eclesiástica de Granada, el Vicario General y el Deán de la Catedral y el postulador han recibido del Cardenal una copia de la Carta Apostólica, gesto que selló este hito histórico.
Las lecturas han estado participadas por Alfredo Ureña familia del mártir Antonio José Ureña; la Hermana Favia, Mercedaria del Santísimo Sacramento, el salmo y la segunda lectura, Salomé Martínez, familia de D. Francisco Morales. El diácono D. Jesús Marchal ha proclamado el Evangelio de Juan (12, 24-26). Los seminaristas han ejercido de acólitos, en una Catedral preciosamente adornada, que lucía como la gran joya del Renacimiento que es, en un día único e irrepetible para la Iglesia de Jaén, que peregrina entre olivares.
Homilía
El Cardenal no ha pronunciado su homilía y en su lugar la ha leído Mons. Gianpaolo Rizzotti, Capo Ufficio del Dicasterio para las Causas de los Santos.
En sus palabras ha subrayado el espíritu martirial de la Diócesis de Jaén a lo largo del tiempo, lo que la convierte en “cuna de mártires y tierra abundantemente regada con la sangre de los mártires”, para, a continuación, resaltar algunas palabras de la Carta Pastoral del Obispo de Jaén a cerca de estos mártires: “Su única arma fue el amor. Y murieron perdonando a sus verdugos… Este perdón martirial es el fruto más sublime de la esperanza que no se rinde ante el mal”.
El Prefecto para la Causa de los Santos ha querido tomar como guía de su homilía la encíclica de Benedicto XVI, Spe salvi (cf. n. 39) para adentrarse en el misterio de la esperanza como eje de la vida del cristiano. “En ese documento, – ha expresado el Cardenal- se advierte que en nuestra vida hay muchas situaciones en las que nos pueden bastar incluso las esperanzas humanas, las pequeñas esperanzas. Hay otras, sin embargo, en las que necesitamos algo más sólido, más consistente, más válido. Se trata de circunstancias en las que se necesita una «gran esperanza»; Para añadir, “son momentos en los que necesitamos amigos, hermanos y hermanas que con su testimonio nos ayuden a comprender que es posible seguir adelante, que podemos lograrlo. Son momentos en los que «necesitamos también testigos, mártires, que se han entregado totalmente, para que nos lo demuestren día tras día. Los necesitamos en las pequeñas alternativas de la vida cotidiana, para preferir el bien a la comodidad, sabiendo que precisamente así vivimos realmente la vida».
En este sentido, el Cardenal Semeraro ha puesto de relieve el sentido profundo del testimonio cristiano. “Los mártires beatificados hoy son sin duda un modelo de cristianismo. El martirio es el testimonio más elevado de la fe cristiana, porque encarna el amor total a Cristo y a los hermanos, transformando el sufrimiento en redención y la sangre en semilla de evangelización”. Subrayó, además, que, ante la crueldad humana y la fuerza interior del testigo de la fe, «a veces las palabras ya no bastan». Asimismo, recordó la actualidad del testimonio martirial, citando al Papa Francisco: “Os digoque hoy hay más mártires que en los primeros tiempos de la Iglesia. Muchos de nuestros hermanos y hermanas que dan testimonio de Jesús y son perseguidos. Son condenados por poseer una Biblia. No pueden llevar la señal de la cruz. Y este es el camino de Jesús […] La vida cristiana no es una ventaja comercial, no es hacer carrera: es simplemente seguir a Jesús”.
Finalmente, el Cardenal ha concluido con estas palabras: “Al venerar a estos nuevos Beatos y también a todos los demás que los acompañan, pedimos al Señor que nos ayude a sentir y conservar ese deseo, que está unido a la virtud cristiana de la fortaleza: una virtud que, entre otras cosas, nos hace capaces de vencer el miedo, incluso al de la muerte, y de afrontar las pruebas y las persecuciones conscientes de la palabra de Jesús: «Tened confianza; yo he vencido al mundo (Jn 16,33)» (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1808). Oremos, pues: Oh Señor, por intercesión de los nuevos Beatos y de todos sus compañeros, sostennos siempre en la esperanza y en el valor de Tu amor”.
Acción de gracias
Antes de la bendición final, el Obispo, Don Sebastián Chico Martínez, ha tomado la palabra para agradecer en nombre de toda la Iglesia de Jaén y en el suyo propio que, “hoy se ha escrito una nueva página en la historia eclesial de nuestra Diócesis jienense”, ha expresado Monseñor Chico, para continuar, “Por la misericordia de Dios y el discernimiento de la Iglesia, 124 hijos e hijas de Jaén resplandecen ya en el coro de los beatos como testigos de Cristo, mártires por la fe, la esperanza y el amor. Ellos son ‘semilla de esperanza plantada en nuestra tierra, que nunca deja de dar fruto’, y que fortalecidos por la caridad y coronados por la esperanza, han sido declarados mártires de Cristo, testigos del Evangelio hasta la efusión de su sangre”.
De igual modo, el Obispo del Santo Reino ha querido dar las gracias al Papa, a la vez que subrayar ese gran regalo que supone esta beatificación para culminar el año de la esperanza. “En nombre de toda esta Iglesia diocesana, manifiesto nuestro agradecimiento filial al Santo Padre, el Papa León XIV, que con paternal solicitud ha concedido esta Beatificación para bien de la Iglesia que peregrina en Jaén. Mi gratitud profunda a usted, Eminencia Cardenal Semeraro, que como Delegado Pontificio, representando al Santo Padre, ha presidio esta hermosa y esperada celebración en este marco inolvidable, como es el Año Jubilar de la Esperanza, haciendo patente la Providencia divina que nos presenta a nuestros paisanos mártires como “Testigos de Esperanza”.
Las familias, presentes y emocionadas durante toda la celebración, también han recibido el cariño del Prelado jiennense, “Quiero dirigirme, de un modo especial y profundamente emocionado, a vosotros, familiares de los mártires que hoy la Iglesia propone como modelo. Vuestras casas fueron los primeros santuarios donde prendió la semilla de la fe que hoy contemplamos florecida en el martirio. Habéis custodiado, durante décadas, la memoria viva de vuestros padres, madres, abuelos, tíos, hermanos… Habéis transmitido su nombre con respeto, su testimonio con emoción, con lágrimas, con orgullo humilde, y su sangre con dignidad. Felicidades porque hoy veis elevados a los altares a vuestro familiar, y gracias por no permitir que se perdiera la luz que hoy vuelve a brillar para toda la Iglesia”.
Por último, ha hablado del gran símbolo de reconciliación y perdón de este proceso y ha pedido la intercesión de los nuevos mártires ante el Señor, por esta Iglesia y sus gentes. “Hoy, el Señor nos concede un regalo que supera nuestra capacidad de comprender: 124 hermanos nuestros han sido proclamados beatos, testigos de Cristo hasta el final. Su sangre, derramada en nuestra tierra, es hoy semilla de reconciliación, de perdón, de unidad, de paz. Nos invitan a mirar el pasado sin rencor, el presente sin miedo y el futuro sin desesperanza. Que la intercesión de estos 124 mártires de Jaén haga fecunda nuestra Iglesia, fortalezca nuestras comunidades, renueve nuestra caridad y despierte nuevas vocaciones a la familia, al sacerdocio y a la vida consagrada”.
Causa de martirio, historia de amor y fe
«El amor lo soporta todo». Y cuando es la fe la que lleva a amar, se soporta hasta la muerte. Los nuevos mártires eran hombres y mujeres de su tiempo. Algunos, con el propósito vital de llevar a casa el sustento para su familia. Otros, los sacerdotes, con la misión de anunciar el Reino de Dios. La clarisa, enamorada de Dios, vivía retirada del mundo para rezar por el mundo. En definitiva, eran personas que, en su humanidad, se sabían amadas y perdonadas por el Señor. Y ese amor que sentían supieron llevarlo hasta el extremo, al donar su vida, sin traicionar su fe y así, no traicionarse a sí mismos. Seguro que temieron, o ansiaron otro final. Seguro que en sus últimos momentos recordaron a sus hijos, o a sus padres, hermanos, amigos, pero se supieron capaces de hacer el acto heroico de no renunciar a sus creencias, ni a su fe.
El pasado 20 de junio, el Papa León XIV hizo pública la aprobación de la causa de martirio de estos jiennenses, la primera de su pontificado que se publicó en el Boletín de la Santa Sede. Entre los decretos promulgados por el Dicasterio para la Causa de los Santos, se incluyó el reconocimiento del martirio de los Siervos de Dios Manuel Izquierdo Izquierdo y 58 compañeros, así como de Antonio Montañés Chiquero y 64 compañeros, asesinados por odio a la fe en distintos lugares de la provincia.
Con esta beatificación, la Iglesia de Jaén ha abierto un nuevo capítulo en su historia, recordando que la luz de Cristo se ha hecho presente incluso en los momentos más oscuros. La ceremonia, que se ha seguido también por TRECE televisión, ha dejado una huella profunda en la comunidad diocesana y en todos aquellos que buscan inspiración en el testimonio de quienes, con valor y fidelidad, han dado su vida por el Evangelio.
La Diócesis del Santo Reino celebró ayer el tercer y último día del triduo preparatorio para la beatificación de los 124 mártires jiennenses, cuya solemne celebración tendrá lugar mañana, 13 de diciembre, en la Catedral de Jaén. Durante los días 9, 10 y 11, la Iglesia diocesana meditó sobre las virtudes teologales: fe, esperanza y caridad.
La jornada de ayer, 11 de diciembre, dedicada a “Los mártires, testigos de Caridad”, estuvo presidida por el Arzobispo de Granada, D. José María Gil Tamayo, como cabeza de la provincia eclesiástica. Concelebraron, además, el Obispo de Jaén, Don Sebastián Chico Martínez; los obispos eméritos Don Ramón del Hoyo López y Don Amadeo Rodríguez Magro; miembros del Cabildo catedralicio y otros sacerdotes diocesanos.
Asistieron las delegaciones diocesanas vinculadas a la acción caritativa y social: Caridad y Doctrina Social de la Iglesia, Migraciones, Pastoral de la Salud, Pastoral gitana, Pastoral penitenciaria, Pastoral del Trabajo, Pastoral litúrgica, Apostolado de la Oración y Espiritualidad. El acompañamiento musical corrió a cargo del Orfeón Santo Reino.
Homilía
Don José María comenzaba su homilía agradeciendo a Don Sebastián por invitarle a compartir “esta preparación con este sabor de Iglesia. A esta fiesta de la beatificación de vuestros mártires del siglo XX, que ya no son solo vuestros, son de toda la Iglesia”, apostilló.
Agradeció, igualmente, a los Obispos presentes, su esfuerzo para que los mártires “no lo sean, también, mártires del silencio”. Para afirmar, a continuación, que “nuestro mundo está necesitado permanentemente de ese recordatorio de la heroicidad de nuestros mártires”.
Posteriormente, el Arzobispo de Granada invitó a contemplar la vida y entrega de los mártires como una llamada a la reconciliación y la caridad. “La Palabra de Dios y la memoria de nuestros santos mártires nos convocan a una profunda reflexión sobre la caridad”, afirmó, recordando que esta virtud es el fundamento de toda vida cristiana.
Asimismo, subrayó la necesidad de recuperar, a la luz del testimonio martirial, un espíritu de paz para el mundo de hoy. “En estos tiempos de honda división, de falta de concordia social y de hostilidad, nuestros mártires son un recordatorio de la llamada a la paz, al perdón, a la convivencia pacífica. Y esta es una verdadera memoria histórica de perdón”.
El Prelado destacó que la caridad no es una idea abstracta, sino un compromiso concreto con los más vulnerables. “La caridad impulsa al compromiso de amor al prójimo, especialmente con los más necesitados y pobres, con los migrantes y refugiados, con los enfermos, con los temporeros, con quien vemos desvalidos”. Recordó que el Evangelio fija el centro del juicio final en el amor activo. “Recordemos que el tema del examen final de nuestra vida es un examen de amor: tuve hambre y me disteis de comer; fui peregrino y me acogisteis; estuve enfermo o en la cárcel y me visitasteis”.
Del mismo modo, Monseñor Gil Tamayo llamó a un compromiso personal que transforme la vida social. “Se nos pide magnanimidad, la capacidad de ceder en lo accesorio para ganar en lo esencial; optar por la fraternidad, morir a nuestro propio egoísmo y soberbia… para resucitar todos a la vida del amor”.
Don José María alentó, además, a los fieles a mirar a los mártires como ejemplo luminoso para el presente. “Que la memoria de aquellos que murieron perdonando, sin odio y sin rencor, sea luz que ilumine nuestra actuación en la vida pública y social. Que su sangre, semilla de nuevos cristianos, sea también semilla de nueva concordia cívica, fundada en la verdad, la justicia y, sobre todo, la caridad”. Y concluyó exhortando a vivir una coherencia cristiana que construya comunión. “Pidamos a Dios la gracia de construir puentes donde otros levantan muros y de perdonar, para ser dignos herederos de aquellos que nos legaron la mayor lección: la lección de amor”.
Beatificación
La Catedral acogerá esta tarde, a las 19:30 horas, la Vigilia diocesana de oración, que contará con el recuerdo del testimonio de algunos de los mártires y el acompañamiento musical del coro Face to God.
Finalmente, mañana a las 11:00 horas, tendrá lugar la solemne celebración de la beatificación, presidida por el Cardenal Marcello Semeraro, Prefecto del Dicasterio para la Causa de los Santos, en un acto que marcará un hito para la Iglesia de Jaén y para la memoria de los 124 mártires que dieron su vida por Cristo.
La Diócesis del Santo Reino culmina hoy el triduo preparatorio para la beatificación de los 124 mártires jiennenses, cuya celebración tendrá lugar este sábado, 13 de diciembre, en la Catedral de Jaén. Este triduo, celebrado los días 9, 10 y 11, ha puesto en el centro las virtudes teologales: fe, esperanza y caridad, que modelaron la vida y la entrega de quienes pronto serán elevados a los altares.
La jornada de ayer, dedicada a “Los mártires, testigos de Esperanza”, estuvo presidida por el Obispo emérito de Jaén, Don Amadeo Rodríguez Magro, quien clausuró, en su día, la fase diocesana del proceso y envió a Roma la abundante documentación que permitirá reconocer oficialmente el martirio de estos 124 jiennenses. La celebración eucarística estuvo concelebrada, además, por el Obispo, Don Sebastián Chico Martínez, y el Obispo emérito Don Ramón del Hoyo López, así como por miembros del Cabildo catedralicio y otros sacerdotes diocesanos.
Al acto acudieron las delegaciones diocesanas de Familia y Vida, Infancia y Juventud, Pastoral Vocacional, Clero, Vida Consagrada, Pastoral de Mayores, Discapacidad y Pastoral Universitaria. Además, estuvo presente el hijo de uno de los mártires. El acompañamiento musical corrió a cargo del coro de la Basílica de San Ildefonso, de Jaén.
Homilía
En su homilía Don Amadeo, desde sus primeras palabras, subrayó la importancia de las virtudes que sostuvieron la fidelidad de los mártires: “Meditar las tres virtudes teologales es mejor camino para acercarnos a la santidad de nuestros mártires. La fe, la esperanza y la caridad abren siempre las puertas del buen olor de Cristo”.
El Obispo emérito quiso situar el testimonio de los 124 mártires jiennenses en la continuidad viva de la tradición martirial de la Iglesia. Recordó que la entrega de estos hombres y mujeres no es un episodio aislado, sino parte de una cadena que atraviesa los siglos: “La cadena martirial no se rompe, la sangre de los 124 mártires que en los próximos días serán beatificados fue adornada de ese mismo color martirial de tantos mártires de los primeros siglos”.
Asimismo, evocó que la fidelidad de estos mártires permanece grabada en la memoria viva del Pueblo de Dios. “Los mártires de Jaén murieron por haberse mantenido fieles en su fe y firmes en su esperanza. Sus nombres están inscritos en el corazón y en la memoria de esta Iglesia, porque Dios, que es memoria viva de cuantos le aman, los conservó en su memoria amorosa, y los compensó con lo que esperaban de su muerte martirial, la vida eterna”.
El Prelado destacó, también, que la Iglesia está a punto de reconocer solemnemente su entrega hasta la muerte. “Tras un proceso cuidadoso, la Iglesia del Señor va a reconocer su muerte violenta como martirio, va a declarar el día 13, que murieron in odium fidei, en esta tierra del Santo Reino.”. Para continuar: “Los va a sumar a la memoria martirial de la Iglesia, que nunca olvida a quienes murieron por la verdad de su fe, por la firmeza de su esperanza y por la constancia de su amor”.
Monseñor Rodríguez Magro insistió con fuerza en la virtud que sostuvo a los mártires en medio de la persecución, recordando que no se trata de una emoción pasajera, sino de la certeza cristiana que nunca defrauda. “La esperanza es pequeña, pero siempre fuerte. La esperanza que sostiene a los mártires no es una ilusión; es una virtud, que, aunque sea la más humilde de las tres, nunca decepciona”.
Sus palabras concluyeron con una invitación a contemplar cómo estos testigos, unidos a Cristo, hallaron en Él la fuerza para resistir y amar hasta el final. “Los mártires mantuvieron sus vidas unidas a la de Cristo y tomaron sus yugos y su carga, que siempre dejan tras de sí una estela de esperanza. Por eso, se gloriaron hasta de las mismas tribulaciones, «porque supieron que la tribulación produce constancia; la constancia, la virtud probada; la virtud probada, la esperanza» (Rm 5, 3-4)”.
Caminando hacia la beatificación
Desde la Diócesis se anima a los fieles a continuar participando en este triduo, que concluirá hoy con la jornada dedicada a “Los mártires, testigos de la Caridad” y que estará presidida por Arzobispo de Granada, Monseñor Gil Tamayo.
Además, la Catedral acogerá mañana, a las 19:30 horas, la vigilia diocesana de oración, que contará con el recuerdo del testimonio de alguno de los mártires y el acompañamiento musical del coro Face to God.
Finalmente, el sábado, a las 11:00 horas, tendrá lugar la solemne celebración de la beatificación, presidida por el Cardenal Marcello Semeraro, Prefecto del Dicasterio para la Causa de los Santos, en un acto que marcará un hito para la Iglesia de Jaén y para la memoria de los 124 mártires que dieron su vida por Cristo.